Prueba: Mercedes-Benz E 220 d 9G-TRONIC – A las puertas del futuro

No te engaño si te digo que no solo llevo más de 10 kilómetros por la M-40 sin poner las manos en el volante, sino que encima he ido cambiando de carril… ¡sin intervenir en la dirección! Entiendo que semejante acción puede parecer, a priori, imprudente. Pero lo cierto es que es una de las situaciones más seguras que he vivido dentro de un automóvil. Un vehículo que tiene nombre y apellidos: Mercedes-Benz E 220 d, o lo que es lo mismo, la antesala de lo que en un futuro será la conducción autónoma.
Sí, has leído bien. Cuando solicité la cesión del modelo para la pertinente prueba, el jefe de prensa de la marca de la estrella me contestó “te he cambiado la unidad apalabrada por una con el sistema Drive Pilot”. ¡Y menos mal!, porque aunque la mención ante tal sistema de asistencia seguiría estando presente en estas líneas, no hubiera sido lo mismo que probarlo en profundidad. Un sistema que se vale tanto del control de velocidad de crucero adaptativo Distronic Plus, como del sistema activo por cambio involuntario de carril, del lector de señales de tráfico y de las múltiples cámaras situadas en todo el perímetro del vehículo para trasladarnos a la realidad que llegará de aquí a menos de ocho años –aunque ya existen modelos como los Tesla que son capaces de funcionar de manera totalmente autónoma-.
Déjate llevar
En la práctica, uno simplemente tiene que sentarse, activar el comentado Distronic Plus y y el sistema de mantenimiento de carril y empezar a disfrutar de la conducción. Ajustamos la velocidad y la distancia de seguridad que queremos mantener con los vehículos que nos preceden. El guiado entre las dos líneas del carril es perfecto y se escapa del ofrecido por otros modelos que suelen ir dando ‘bandazos”. Hasta ahí, todo normal.
Sin embargo, ‘activamos’ la segunda fase del ‘protocolo’ de conducción semi autónoma. Llevamos la mano izquierda hacia la palanca del intermitente y lo mantenemos pulsado hacia abajo durante dos segundos. Inmediatamente, el Clase E realiza algo que nos deja boquiabiertos: suavemente, cambia de carril y nos coloca en el lazo izquierdo de la autovía. Con el gesto de sorpresa todavía copando nuestro rostro, repetimos operación, esta vez hacia la derecha. Mantenemos la palanca de intermitencia hacia arriba para comprobar cómo los 4,92 metros de carrocería se colocan, de nuevo suavemente, en el carril del que veníamos. Durante los siguientes cientos de metros cambiamos un par de veces de carril siendo conscientes de que si hay alguien observándonos puede pensar dos cosas: o que el conductor no está en plenas facultades de conducción o que nos hemos vuelto locos.
Una acción que se interrumpe únicamente cuando el Clase E detecta por el retrovisor izquierdo la llegada de un coche a más velocidad. Entonces, nos mantenemos en nuestro carril y seguimos tranquilamente la marcha, a 100 km/h, mientras toqueteamos todos los comandos y botones del volante, pero sin llegar a poner las manos en él… hasta que en el cuadro de instrumentos aparece una señal que nos advierte que ya está bien, que va siendo hora que nos dejemos de tonterías y pongamos las manos donde corresponde, que para eso estamos conduciendo.
En caso de que hiciéramos caso omiso, bien por nuestra cabezonería o porque nos ha pasado algo más grave, el coche activaría las luces de emergencia, reduciría la velocidad y se detendría con seguridad dentro el carril.
Cambia más de lo que parece
Sin lugar a dudas, este sistema de asistencia es uno de los elementos más destacados de la última generación de la berlina media alemana. Ahora bien, el nuevo Clase E esconde muchísimos más secretos. Bien es cierto que por fuera, el trabajo estético realizado por los diseñadores alemanes puede dejar frío a más de uno. Pero como suele ser habitual en la mayoría de fabricantes alemanes, Mercedes-Benz prefiere sorprender de ‘puertas para adentro’.
Con una línea que se desmarca poco de la de su predecesor y que, además, le acerca muchísimo al patrón que ha dado forma a los Clase C y Clase S, lo que más llama la atención es el habitáculo. En él, todo cambia. Desde la habitabilidad hasta el diseño de la consola central, pasando, cómo no por el confort de marcha.
Si nos ceñimos al espacio, nuestro protagonista ha dado un salto importante para acercarse a sus dos principales rivales, y referentes del segmento, Audi A6 y BMW Serie 5. Parte de culpa la tiene un crecimiento desmedido de sus dimensiones, que le acerca casi a lo que medía un Clase S hace unos cuantos años. Con la comentada longitud de 4,92 metros, el Clase E también presenta una anchura de 1,85 metros y una altura de 1,47. Sobre el papel, estamos ante un vehículo que ha crecido, sobre todo, a lo largo, concretamente 4,3 centímetros.
Un aumento que también repercute en una distancia entre ejes 6,5 centímetros mayor, cifrada ahora a los 2,94 metros. Por su parte, los anchos de vía también son más generosos con 1,62 m delante -2 cm más- y 1,63 detrás -0,7 cm más-. Todo ello se traduce en un habitáculo espacioso, con una segunda fila muy generosa en la que tres adultos podrán acomodarse sin demasiados problemas, aunque el que ocupe la plaza central tendrá que sufrir un respaldo más duro y un túnel central más voluminoso. Las butacas exteriores sí son cómodas, y nos permitirán afrontar largos viajes sin que aparezca la fatiga. El maletero, por su parte, ve reducida su capacidad en 10 litros, cifrando 540 litros. No obstante, presenta unas formas regulares y, sobre todo, una boca amplia que facilita la carga de objetos. En su parte final, el piso está algo más elevado, por lo que será conveniente meter los bultos más voluminosos al final.
Tecnología por doquier
Delante, el espacio no será un problema. Los asientos de nuestra unidad eran muy cómodos y presentaban una sujeción lateral elevada. Los nuestros estaban calefactados, y en opción, existe la posibilidad de añadir la función de masaje y la ventilación. Existe otra opción, denominada ‘asientos multicontorno’ que cuentan con unos cojines que se pueden hinchar y deshinchar para adaptar la forma a nuestro cuerpo –función que hereda del Clase S-.
Ahora bien si tenemos que destacar algo de este nuevo Clase E es, sin duda, su salpicadero. Con un ambiente minimalista, los ajustes y materiales empleados son de alta calidad. Solo el embellecedor de plástico en negro brillante que recubre parte de la consola central rebaja un grado su apariencia, porque es fácil que se ralle y se dejen las huellas impregnadas con facilidad, además de que cruje al presionarlo. La firma alemana ha reducido al máximo los botones de la consola central, dando un aspecto más pulcro y sencillo. En el túnel central, se encuentran algunos de los mandos pertenecientes a la suspensión, las cámaras o el volumen, al tiempo que se halla el comando que permite navegar a través del sistema multimedia –mediante una superficie táctil o un mando giratorio-.
Un sistema que se visualiza en la segunda gran novedad de este Clase E: la pantalla central. Un monitor que hereda del Clase S y que, bajo una misma estructura, une las dos pantallas digitales de 12,3 pulgadas. Este es un opcional –cuesta 2.200 euros- pero le otorga una apariencia excelente. El cuadro de instrumentos digital ofrece un altísimo contraste y se puede configurar bajo tres estilos: Sport, Clásico y Progresivo. Es similar al Audi virtual cockpit que estrenó su compatriota en el TT, pudiendo visualizar desde el ordenador de a bordo, hasta el navegador, pasando por los asistentes de seguridad, entre otros.
Cada una de las dos pantallas se puede manejar a través del volante, el cual presenta unos innovadores botones táctiles capacitivos similares a los de un teléfono móvil. Nos ha resultado muy agradables al tacto aunque la rapidez de las órdenes podría ser más veloz. Todo ello se puede complementar con un Head-up Display, a color, que muestra datos como la velocidad, las señales o las indicaciones de la navegación, entre otros. Eso sí, para regularlo, es necesario navegar entre varios submenús, circunstancia que quizá sea la mayor lacra de este modelo.
Devora kilómetros
Bajo el alargado capó, decidimos optar por el motor diésel más equilibrado de toda la gama que da nombre a la versión E 220 d. Se trata de un bloque de cuatro cilindros, turboalimentado, de 2,0 litros de cilindrada que genera 194 CV y un excelente par de 400 Nm. Es un propulsor excelente en cualquier régimen de actuación, aunque entre sus pegas, nos ha parecido algo ruidoso tanto al ralentí –en frío-, como en las fases de aceleración… y eso que el habitáculo está perfectamente insonorizado.
Todo es potencial se envía directamente a las ruedas traseras –la berlina sigue siendo fiel a la propulsión-, mediante la caja de cambios automática de nueve velocidades, 9G-TRONIC, que se convierte en la única opción disponible para este motor. Es un cambio muy rápido en las transiciones y la novena marcha permite que la aguja del cuentarrevoluciones gire muy abajo cuando adquirimos una velocidad de crucero de 120 km/h, en concreto, se mantiene por debajo de las 1.500 vueltas, logrando así que el gasto de combustible se reduzca. No en vano, durante nuestra prueba, este E 220 d ha marcado un gasto de poco más de 6 litros, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta sus características.
En el apartado dinámico, nuestra unidad, equipada con el acabado AMG Line, también incluía el tren de rodaje Agility Control, con una suspensión que varía su dureza en función del modo de conducción elegido: ECO, Comfort, Sport y Sport+. Con los dos primeros, la amortiguación tira a blanda, mientras que con los dos últimos gana en firmeza. Además, con cada uno de ellos, cambian los parámetros de respuesta del motor, caja de cambios y tacto de la dirección. En el caso de elegir los dos últimos, podemos hacer alguna que otra escapada hacia zonas viradas para comprobar que pese a su tamaño, el Clase E es capaz de comportarse de manera deportiva. El chasis presenta una puesta a punto perfecta, aunque sufrirá en los cambios de apoyo acusados. Por todo ello, el E 220 d se convierte en una opción mucho más rutera, con el que podemos ‘devorar’ kilómetros con pasmosa facilidad..., más aún si buena parte de ella, nos asiste tan bien como te hemos comentado al principio de esta prueba.
Con paciencia
Eso sí, has de saber que los precios parten de los 51.101 euros para esta versión, que se incrementan hasta los 66.256 euros si decides incorporar los elementos de los que hacía gala nuestra unidad, tales como el paquete AMG Line exterior, el Avantgarde interior, los faros delanteros LED matriciales Multibeam LED, el sistema de conducción autónoma Pilot Driving, el Head-up Display, el sistema Command Online, el acceso y arranque sin llave, el sistema de aparcamiento Parktronic… Pero además, dicha factura puede ‘engordar’ todavía más si sigues indagando y eligiendo el resto de innumerables opcionales de los que dispone y que te harán estar pegado delante del ordenador, o de tu comercial, durante varios minutos.
Ficha Técnica Mercedes-Benz E 220 d 9G-TRONIC
Motor: Diésel, cuatro cilindros en línea
Cilindrada: 1.950 cm3
Potencia: 194 CV a 3.800 rpm
Par: 400 Nm entre 1.600-2.800 rpm
Velocidad Máxima: 240 km/h
0-100 km/h: 7,3 seg.
Consumo (urbano/extraurb./mixto): 4,3 / 3,6 / 3,9 l/100 km
Emisiones CO2: 102 gr/km
Dimensiones: 4.923 / 1.852/ 1.468 milímetros
Maletero: 540 litros
Peso: 1.680 kg.
Cambio: Automática, con convertido de par, de nueve velocidades
Depósito: 646litros
Precio: 51.101 euros
Precio ud. probada: 66.256 euros
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