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Prueba del Peugeot 208 PureTech 130 GT Line: rompecorazones

Hemos probado la versión más potente y deportiva del nuevo Peugeot 208 para comprobar si conseguirá auparse al liderato del segmento B.

Los meses finales de 2019 de Peugeot estuvieron marcados por la renovación de los 208 y 2008, dos pilares estratégicos para la firma gala, más cuando ambos están disponibles con sendas versiones eléctricas. En el caso del 208, esta segunda generación no ha hecho sino alargar la vida de una de las sagas más exitosas del panorama automovilístico, la 20o de Peugeot que se inauguró hace más de 35 años con el primer 205, logrando vender más de 22 millones de unidades en los cinco continentes.

Al reconocimiento del público se une el de la prensa especializada, que ha otorgado numerosos premios a esta saga, entre ellos el “Coche del Año en España” a los Peugeot 205, 206, 207 y 208. España también ha sido la cuna donde se han fabricado algunos de estos modelos, con 1.188.811 unidades del Peugeot 205 y 941.852 del Peugeot 207 producidos en la planta de Groupe PSA en Madrid. También se han diseñado y comercializado versiones y motorizaciones exclusivas para nuestro mercado. Además, los Peugeot de la saga 200 han sido protagonistas destacados de la competición en nuestro país.

Peugeot 208: la lucha está servida

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Pero antes de entrar en harina y conocer todos los detalles del nuevo Peugeot 208, cabe hacer un breve repaso a un segmento, el B, que ha sufrido una importante actualización en los últimos dos años y medio. Otrora motor comercial del sector, esta categoría siempre se ha caracterizado por ofrecer productos asequibles y muy atractivos para los conductores, sobre todo para aquellos que buscaban un coche pintón o que se atrevían a realizar sus primeros kilómetros al volante.

Con todo, la competencia actual es brutal, más cuando muchos de sus principales rivales se han renovado parcial o completamente. Entre algunos de los más destacados están los SEAT Ibiza, Renault Clio, Citroën C3, Kia Rio, Volkswagen Polo, Opel Corsa, Hyundai i20, Skoda Fabia, Dacia Sandero, Toyota Yaris, Mazda2…

Con el primer objetivo conseguido, Peugeot ahora busca que su 208 se coloque como referente de su categoría en los principales mercados, algo que no será sencillo, más cuando en nuestro mercado, el cetro se lo han ido alternando el Sandero y el Ibiza.

Atrae las miradas

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Dicen que la apariencia externa es una de las primeras variables de compra para muchos conductores de esta categoría. Pues bien, el nuevo Peugeot 208 tiene mucho ganado. Los diseñadores galos han sabido proponernos un producto que destila vistosidad por los cuatro costados, el cual gana enteros sumando el acabado más alto y deportivo de la gama, el GT Line. Nivel que ofrece pequeños detalles que evocan a aquellos 205 GTi de antaño, como el logo situado en el pilar C o los pasos de rueda en negro lacado.

Más detalles históricos: el logo 208 situado en la parte inicial del capó, sobre la parrilla, reminiscencia de los 504 de finales de los 60 y comienzos de los 70. Junto a ellos, las ya características luces diurnas en forma de colmillo de morsa estrenadas por el 508, la triple garra trasera visible en los grupos ópticos traseros, envueltos estos en una moldura negra al estilo de los SUV de la firma; la parrilla invertida… Exclusivos del GT Line son las llantas de 17 pulgadas, el tramado cromado de la parrilla, las carcasas de los retrovisores en negro, la doble salida de escape o el pequeño alerón situado sobre el portón.

Por cierto, todos estos elementos visuales se engloban bajo unas dimensiones ultracompactas, como mandan los cánones del segmento, pues el Peugeot 208 mide poco más de 4,05 metros de largo, X de ancho y X de alto.

Evolución 3D

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Si el exterior sorprende, el interior no deja indiferente. Encargado junto con el 2008 de estrenar el afamado Peugeot i-cockpit, esta segunda entrega del 208 evoluciona dicho concepto. Mantiene su diseño compacto, con un cuadro de instrumentos elevado, una pantalla central flotante y un volante de reducidas dimensiones que, ahora, se achata tanto por abajo como por arriba. Cualidades a las que se suma cierto toque minimalista, gracias entre otros a los comandos físicos (sirven de atajos) en forma de teclas de piano o a las molduras decorativas.

Sin embargo, esa evolución se ve, principalmente, en el mencionado cuadro de instrumentos. Y es que el 208 es el primer Peugeot que ha estrenado la visualización 3D. Sí, con el componente digital ya integrado, el paso viene dado en que los menús se presentan con cierta profundidad. Según la marca este gadget ayuda a mejorar la concentración. Nosotros no lo ponemos en duda, pero sí que nos hubiera gustado que el tránsito entre los mismos fuera algo más fluido y rápido.

Como ha ocurrido hasta ahora, el Peugeot i-Cockpit 3D generará polarización de gustos. Habrá quienes lo amen y quienes lo detesten. En nuestro caso somos de los primeros. Cierto es que hemos tardado algo más de la cuenta en encontrar la postura, pero también lo es el hecho de que en cuanto lo hemos hecho, el confort ha sido excepcional. El cuadro de instrumentos se visualiza perfectamente, el volante ofrece un tacto muy bueno y la pantalla central de es rápida e intuitiva. En relación a esta, sigue sin gustarnos que los mandos de la climatización estén integrados en ella. Al menos, la calidad de fabricación ha dado varios pasos al frente y la solidez con la que se presenta consigue incluso superar a la media de rivales.

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Otros menesteres son los relacionados con la habitabilidad. Mientras que muchos de sus rivales han ido hacia arriba, este Peugeot 208 parece haberse quedado estancado. Con 2,54 metros de distancia entre ejes, se ve claramente superado por la mayoría de sus rivales (el Clio cifra, por ejemplo, 2,58 m). Hecho que repercute en un espacio trasero limitado para adultos que midan más de 1,80 metros.

Con un conductor de la misma estatura, tendremos menos de 5 cm de hueco para las rodillas. Omitiendo una anchura que es más apta para dos que para tres, decir que la altura libre al suelo tampoco es excepcional y en cuanto sobrepasemos ese 1,80 metros empezaremos a notar cómo la coronilla toca con el guarnecido interior. Al menos nos queda el consuelo de que la sujeción de los asientos es muy alta, destacando sobre todo los delanteros, de corte deportivo gracias a nuestro acabado GT Line.

Si nos centramos en el maletero, más de lo mismo. Peugeot cifra un total de 309 litros, volumen que se coloca en el núcleo del segmento, pero por detrás de los Ibiza, Fabia, Polo Clio o Rio, entre otros. Ahora bien, si decidimos montar la rueda de repuesto, olvídate de ese doble fondo útil para, en total, obtener 265 litros. El consuelo viene determinado, esta vez, por unas formas regulares y la posibilidad de abatir los respaldos posteriores en una proporción 60:40 aunque sin tener un piso completamente plano.

Sobrado y enérgico

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La gama mecánica actual se compone por los gasolina PureTech de 75, 100 y 130 CV, el diésel BlueHDI de 100 CV y el eléctrico de 136 CV y 320 km de autonomía. Dado que la gasolina prácticamente copa las ventas de este segmento, nuestra elección ha ido encaminada hacia ella aunque la asociación del mencionado acabado GT Line nos ha ‘obligado’ a asociar el bloque más potente: el 1.2 PureTech de 130 CV asociado, además, a la caja automática EAT8, con convertidor de par, de ocho relaciones.

Somos conscientes de que el grueso de las ventas irá a parar al PureTech de 100 CV con caja manual, pero si optas por ‘nuestra’ combinación ha de saber que te llevarás un propulsor muy enérgico, con cierta filosofía deportiva al que le cuesta poco ganar velocidad y agradarnos.

Con una sonoridad que cautiva pese a ser un tricilíndrico, su empuje dista mucho del programa que estemos empleando. Con el Eco parece faltarle incluso fuerza mientras que con el Sport se desmelena por completo mostrándose más reactivo en la zona baja de revoluciones. Cifra un 0 a 100 km/h de 8,7 segundos, al tiempo que alcanza los 208 km/h de velocidad punta.

Cumple con solvencia

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Como compañero de lujo, la transmisión. Esta EAT8 sigue evolucionando y en este Peugeot 208 combina una agradable respuesta en entornos urbanos, con una rapidez y precisión excelentes en tramos serpenteantes. Para sentirte con el total control de la situación, solo has de pulsar el botón M incrustado en la palanca y empezar a juguetear con las levas situadas tras el volante. Así y con el modo Sport activado veras incluso cómo te deja estirar las revoluciones hasta más allá de las 6.000 vueltas.

Otro de sus socios es, sin duda, el chasis. La plataforma CMP sobre la que se construye (pensada para la electrificación) le ha sentido que ni pintada. Cierto es que muchos tenemos todavía en el recuerdo la efectividad del 208 GTI by PSP y aunque este nuevo Peugeot 208 no se acerca a ella, sí consigue posicionarse como un vehículo noble.

Puede que los Clio, Fiesta o Ibiza sean más dinámicos, pero este 208 les respira en la nuca. Ahora sí podemos afrontar un tramo de montaña con la seguridad de que nos lo vamos a pasar bien. Le falta quizá un poco más de precisión en la dirección, pero el paso por curva es estable y ágil. Los frenos por su parte cumplen con lo requerido.

Dado su talante deportivo, el acabado GT Line ofrece una puesta a punto algo más firme, con una suspensión ruda pero confortable que le sujeta con solidez en las enlazadas de curvas y suprime cualquier posible balanceo.

Al estilo Jeckil y Mr. Hyde

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Tal y como ocurre con su comportamiento, el consumo obtenido es muy sensible tanto al tipo de conducción que realicemos como al programa que llevemos seleccionado. Oficialmente, este Peugeo 208 PureTech 130 EAT8 GT Line homologa en WLTP X l/100 km de media. Dato que está algo lejos del obtenido por nosotros al registrar nada menos que 7 l/100 km durante la semana de pruebas.

Par ser justos, en él están incluidos los momentos de máximo disfrute, con el programa Sport activado y exprimiendo todo su jugo, como las situaciones más calmadas y sosegadas acompañadas del modo Eco mientras circulábamos por carretera o por ciudad. Yendo de una a otra, decir que al estilo rally, el gasto no bajará de los 8,5 l/100 km; mientras que en ‘modo Flanders’ podremos ver valores cercanos a los 5,9 l/100 km.

Ni barato ni caro

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Quien vea los 22.800 € de los que parte nuestra unidad como una auténtica locura ha de volver a recordar que estamos ante el motor más potente y el acabado más alto. Sí, la gama 208 arranca en los 13.400 € mientras que el PureTech de 130 CV EAT8 lo hace en los 21.050 € del Allure; pero quienes busquen nuestra combinación se llevarán un utilitario bien cargado.

Entre algunos de los elementos que suma sin coste están los faros Full LED, las llantas de 17 pulgadas, el climatizador automático, la cámara de visión trasera con sensores de aparcamiento delanteros y traseros, sensores de lluvia y luces, asistente de frenada de emergencia en ciudad, freno de estacionamiento eléctrico.

Ahora bien, si quieres optar en concreto por nuestra unidad, has de sumar otros 4.050 € a la ecuación, al ser de pago el navegador, la sincronización móvil mediante Apple CarPlay o Android Auto, el cargador inalámbrico delantero, los cuatro puertos USB o ciertos asistentes (control de velocidad adaptativo, asistente de guiado en el carril, detector de ángulo muerto…).

Si te parece mucho, lo dicho, puedes optar por el Peugeot de acceso con sus 13.050 € y, eso sí, sus cuatro estrellas EuroNCAP (el resto obtiene cinco) ya que dicha versión no puede equipar algunos sistemas de ayuda.

¿Preparado para lo siguiente?

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