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Prueba: Mia Electric – Más fallos que virtudes

El fabricante francés Mia Electric ha querido contribuir con este microbus a la movilidad eléctrica de su país. Sin embargo, y en contra de las previsiones, esta empresa permanece en un discretísimo segundo plano tras haber vendido sólo unas pocas unidades.

Por este motivo, nos hemos preguntado si es realmente un eléctrico infravalorado. La primera impresión cuando se ve el Mia por primera vez es la de ser un coche capricho sin una definición demasiado fácil. ¿Furgoneta?. ¿Compacto?. Unos lo relacionan directamente con el VW Bulli, y eso le hace ganar enteros. Otros, mientras tanto, aseguran que aunque las proporciones son correctas desde cualquier punto de vista, este eléctrico no deja de ser un microbús y por tanto, es algo carente de cualquier atisbo de glamur. Para lo bueno y lo malo, el Mia Electric es muy diferente a todo lo que acostumbran a ver nuestros ojos y conducir nuestras manos.

Los peros empiezan a ponerse desde el propio concepto de vehículo eléctrico ya que, al no ser un coche de autonomía ampliada, su capacidad de circulación está limitada a unos escasos 120 kilómetros. Además, el diseño de dos puertas correderas y su configuración de tres asientos para el interior transmiten cierta dejadez y falta de interés por convencer a los nuevos interesados por este tipo de vehículos.

Puertas correderas con problemas

Comenzar a utilizar el Mia resulta un poco accidentado, incluso desde el momento en el que cogemos la llave de arranque. Lo ideal, como en cualquier coche hoy en día, es utilizar el cierre centralizado para abrir el vehículo cómodamente, pero resulta que en este caso sólo funciona a muy poca distancia del coche.

El Mia no cuenta con dos puertas convencionales sino con dos puertas deslizantes cuya apertura se realiza con dos botones con forma de hoja de trébol. Sin embargo, éstos no tienen un punto de presión bien definido y rara vez funcionan a la primera. Normalmente necesitaremos presionar una segunda o tercera vez y luego mover la puerta con la otra mano para conseguir abrir el habitáculo. De puertas hacia dentro, también es rarísimo que las ventanillas sean de escotilla y no tengan ni siquiera un elevador manual.

Comodidad en un espacio pequeño

En cuanto a la comodidad de acceso, los dos pasajeros traseros pueden encontrar una entrada bastante cómoda y un montón de espacio para las piernas (casi ilimitado) debido a que ninguno de los dos asientos está alineados con el delantero. Lo mismo ocurre con el conductor, ubicado en el centro, que goza de un generoso espacio para la cabeza e incluso de una buena visibilidad en todas direcciones.

Hay detalles mejorables como los apoyabrazos, que brillan por su ausencia, o la falta de una guantera. En cuanto al equipamiento, también falta un sensor de lluvia, un espejo retrovisor interior o retrovisores exteriores con ajuste eléctrico. Qué menos. Ni que decir tiene que cualquier tipo de sistema de asistencia es algo impensable para este espartano microbús.

No es adecuado para el invierno

Este modelo, cuyos diseñadores quieren venderlo en nuestras latitudes, no tiene ningún tipo de rendimiento en invierno. Ya a temperaturas de alrededor de cero grados el conductor y el coche empezarán a temblar: el calentador eléctrico es demasiado débil para calentar el compartimento de pasajeros correctamente y el aire no se distribuye de forma correcta a todas partes del interior, así que incluso descongelar y desempañar el parabrisas resulta una tarea bastante complicada. El uso de otros componentes como la radio también deben optimizarse si queremos conservar cierto rango de autonomía. Por tanto, si el clima de tu zona de residencia hace duros los inviernos, éste no es tu coche.

Procesamiento a un nivel bajo

Mia es un fabricante de pequeño volumen que, naturalmente, no puede competir con la gran industria. Las excelentes soluciones y detalles de las marcas premium son impensables en un coche como este donde el cliente sólo debe esperar austeridad y la mínima calidad en la fabricación. Los plásticos y los botones son de gama muy baja, así que, si quieren demostrar algo en la nueva era del automóvil, lo primero que necesitan es revisar su lista de componentes.

Cuatro o cinco horas

Mucho más importante que las dimensiones o la calidad de los materiales son las sensaciones a la hora de utilizarlo. El Mia viene con un cargador con toma de 220 ​​voltios que necesita alrededor de cuatro o cinco horas para recargar la batería. Por otra parte, tiene una función de carga rápida con la que en sólo diez minutos obtendremos la energía suficiente como para recorrer ocho kilómetros (el estado de carga del Mia se muestra en el velocímetro digital). Otra pega es que el cargador es de un tamaño muy grande y debe ser enrollado a mano de nuevo.

Simple como ninguno

Hacia adelante y hacia atrás. No hay más posibilidades en el Mia. Su sencillez es de agradecer en cierto modo pero, por desgracia, el coche no arranca con el mismo desparpajo que otros coches eléctricos y su fuerza no parece suficiente para desenvolverse cómodamente entre el tráfico rodado de la ciudad. Y es que los 800 kilos de peso de este Microbús no están respaldados más que por 18 kW de potencia máxima y 58 Nm de par motor, y eso utilizando el modo normal, no el ecológico. Para que queremos más.

Luego, en un terreno llano la velocidad máxima tampoco sube muy por encima de los 100 km/h. El ESP no viene ni siquiera como opción, y sólo se incluye un sistema de frenado antibloqueo, por lo que las expectativas a nivel de seguridad tampoco deberían ser muy elevadas al probarlo. El sistema de frenos es, por supuesto, de tambor.

Dependiendo de los pies del conductor se puede extender más o menos la autonomía del vehículo, pero lo normal es conseguir recorrer alrededor de 80 km con una batería completamente cargada. Como ocurre en la mayoría de los coches de este tipo, tan pronto como se suelta el acelerador el Mia produce electricidad y la almacena, pero no da información sobre la cantidad de recuperación conseguida en cada fase de retención.

Ninguna ganga

Un diseño caprichoso, producción en pequeñas cantidades y un fabricante que tiene que competir con la gran industria. Ese es el panorama del fabricante galo que, a pesar de su entusiasmo por el concepto de Mia, debe reconocer que los 18.000 euros que pide por él resultan bastante injustificados. Mia no ha revolucionado ni mucho menos el mercado de coches eléctricos, ya que su modelo es simplemente demasiado caro y poco elaborado. Sin embargo, este microbús es un buen ejemplo de que a veces menos es más. Ya sea por su concepto ultra-compacto como por sus prácticas puertas correderas, lo cierto es que siempre habrá gente que lo considere una opción de compra válida.

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