Prueba: Audi Q8 50 TDI – Abanderado de lujo

Lo hemos probado en su versión 50 TDI con la que, además, consigue la etiqueta ECO de la DGT. Puede que en los últimos años, Audi no se haya postulado como una creadora de segmentos. Sin embargo, la firma de los cuatro aros ha sabido esperar bien, cual leona agazapada, para atacar en el mejor momento y proponer un producto del que se hable tanto en el presente como en el futuro.
Un claro ejemplo de esa, llamémosle, paciencia, es el Q8 que ilustra estas líneas. Un vehículo que ya nos cautivó en su presentación hace unos meses y que ahora hemos podido probar en profundidad. Un SUV coupé de gran tamaño que, como decimos, no es el primero de su categoría (BMW con su X6 fue el pionero) pero que ha conseguido agitar los cimientos del sector. Lo ha hecho proponiendo un vehículo que no solo entra por los ojos, sino que se coloca a la cabeza en lo que a tecnología se refiere y, además, es emocionante de llevar.
Ficha Técnica Audi Q8 50 TDI quattro tiptronic
Motor: Diésel, seis cilindros en V, turboalimentado
Cilindrada: 2.967 cm3
Potencia: 286 CV entre 3.500
Par: 600 Nm entre 2.250-3.250 rpm
Velocidad Máxima: 245 km/h
0-100 km/h: 6,3 seg.
Consumo (urbano/extraurb./mixto): 7 / 6,4 / 6,6 l/100 km
Emisiones CO2: 172 gr/km
Dimensiones: 4.986 / 1.995 / 1.705 milímetros
Maletero: 605-1.755 litros
Peso: 2.230 kg.
Cambio: Automática, convertidor de par, de ocho velocidades
Depósito: 85 litros
Precio: 84.800 euros
Precio ud. probada: 126.780 euros
Diseño escultural
Como suele pasar, lo primero que llama la atención es el diseño. Muchos han sido los críticos con la línea tomada por Audi en los últimos tiempos, alegando poca creatividad en sus productos. Puede que tengan razón, o no, pero lo que es cierto es que este Q8 se escapa de lo visto hasta ahora en la marca de los cuatro aros.
No solo es un Q7 deportivizado, sino que con él ha llegado el nuevo lenguaje de diseño que se impondrá en los modelos Q de la firma de Ingolstadt. A recalcar un frontal poderoso y vistoso, donde se observa una parrilla singleframe evolucionada. Gana en anchura, reduce su altura y suma tanto lamas verticales como un marco que casi se integra en los grupos ópticos principales.
Elementos, estos dos últimos que habitualmente son cromados, aunque Audi propone un acabado específico denominado Black edition que sustituye todas esas superficies brillantes por otras en negro brillante, mucho más elegante.
Un frontal que pese a sorprender como lo hace, parece quedarse en un segundo plano al visualizar el Q8 tanto de lado como en su parte trasera. El lateral es el encargado de dotarle de esa alma deportiva gracias, entre otros, a unas ventanillas sin marco y a un pilar C más inclinado y grueso (heredado del Audi Sports Quattro) que facilita la caída del techo.
Un descenso menos drástico que el que ofrecen los BMW X6 o Mercedes
Otro elemento a destacar, las llantas, que como ocurre en nuestra unidad pueden alcanzar las 22 pulgadas, montándose sobre unos enormes neumáticos en medida 285/40 R22 en tamaño XL. Para rematar, se pueden pedir las pinzas de freno en rojo.
Por su parte, la zaga recuerda a la que [estrenó el A8 sobre todo por la tira de LED que cruza el portón conectado ambos pilotos y ofreciendo una vistosísima animación cuando se abre o cierra el coche (disponible solo al equipar los faros Matrix LED). Una tira que se encarga de enfatizar una anchura ya de por sí sobrecogedora, que roza los dos metros y que le otorga un aspecto demoledor. En cambio, un detalle que nos ha dejado algo fríos es la utilización de dos molduras de escape falsas, mal endémico del sector visible en muchos fabricantes, no solo en Audi.
Amplio, claro está
En el habitáculo más poderío… aunque en este caso tecnológico. Como nuevo portaestandartes de la gama Q, el Q8 ofrece lo más de lo más en su interior. Un puesto de conducción ya conocido, con la doble monitorización presidiendo la parte central y secundada por un cuadro de instrumentos digital, provisto de materiales de elevadísima calidad con un ajuste exquisito, sin fisuras.
Los asientos de corte deportivo consiguen que conductor y pasajero dominen la situación con solvencia, mientras que en la zona trasera, los tres asientos individuales permiten acomodar sin problema alguno a tres ocupantes adultos. Un confort que aumenta en las plazas exteriores por ser más anchas y, sobre todo, por contar con una ligera inclinación en el respaldo y con butacas calefactables, pues en opción se contempla la posibilidad de sumar el climatizador de cuatro zonas.
El maletero, con unas formas cuadradas y bien proporcionadas cubica 605 litros de inicio, que son suficientes para llevar el equipaje de todo el pasaje. Cargarlo será otro cantar, pues la boca se sitúa algo lejos del suelo y solo en el caso de que equipemos la suspensión neumática (montada en nuestra unidad), conseguiremos que el umbral del maletero se reduzca.
Por lo demás, nada reseñable siempre y cuando esté familiarizado con los últimos productos de Audi (A8, A7 Sportback, A6…). A subrayar el manejo rápido intuitivo de las dos pantallas (la inferior se convierte en un panel de escritura que reconoce cualquier caligrafía), la resolución de las mismas o el amplísimo elenco de sistemas de seguridad y entretenimiento entre los que sobresale el sistema de aparcamiento con cámaras de 360º y proyección 3D en la pantalla… una auténtica locura.
Increíblemente ágil
Si en parado impresiona en marcha lo hace incluso más. Por vía rápida da la sensación de ser una alfombra voladora. Inmutable, cómo, silencioso, los kilómetros pasan apenas sin conocimiento mientras el motor diésel V6 de 3.0 litros y 286 CV (50 TDI) le mueve con absoluta firmeza. Un bloque que tampoco es nuevo, pues ya le hemos probado con anterioridad tanto en el A8 L como en el A7 Sportback o en el A6.
Un motor contundente que genera un par elevadísimo, 600 Nm desde 2.250 rpm el cual se combina con el inédito sistema Mild-Hybrid desarrollado por Audi, compuesto por una batería adicional de 48 V y un pequeño motor eléctrico, que le permiten rebajar su consumo y emisiones. Un sistema que, todo dicho sea de paso, le hace valedor de la etiqueta ECO de la DGT, con todas las ventajas que atesora.
Ahora bien, donde realmente llama la atención este Q8 es en carretera serpenteante. Aquí su agilidad poco o nada tiene que envidiar a cualquiera de los modelos compactos de la firma. Gran parte de culpa la tiene una puesta a punto del chasis espectacular y, sobre todo, la inclusión de determinados elementos como la comentada suspensión neumática (capaz de rebajar la altura total en 15 mm al tiempo que endurece los amortiguadores), la dirección progresiva deportiva y el eje trasero direccional, con el que las ruedas posteriores giran en el mismo o en el sentido contrario a las delanteras para aumentar su dinamismo o maniobrabilidad.
En la práctica, todo ello se traduce en un vehículo con una sensación de aplomo y estabilidad bestiales, que nos da la posibilidad de circular a velocidades elevadas incluso por tramos en los que apenas cabe. La combinación de la dirección con el eje trasero le dota de una agilidad impropia de un coche de 5 metros y, atención, 2.230 kilos de peso. Sin embargo, apenas hay balanceos, deriva ni subviraje.
Eso sí, no todo son bondades. Dada su corpulencia, le cuesta frenar bastante pero, sobre todo, a velocidades elevadas el motor ofrece un excesivo lag (retardo) a la hora de acelerar con contundencia. Puede que sea por la gestión de la transmisión automática de ocho relaciones (que yendo tranquilos es rápida e imperceptible), pero lo cierto es que cuando queremos disponer de todo el empuje, tarda un par de segundos en reaccionar. Pese todo, desde parado, el Q8 consigue una aceleración fulgurante, pasando de 0 a 100 km/h en 6,3 segundos y alcanzando una velocidad punta de 245 km/h.
¿Y en campo?
Ya sabe, al ser un todocamino nos surge la misma cuestión de siempre. ¿Cómo se desenvuelve por campo? Pues muy bien habría que responderle. Ya nos lo demostró en la presentación nacional, y ahora lo ha vuelto a confirmar en esta prueba. Gracias a la tracción total quattro y a la mencionada suspensión neumática, este Q8 aprueba en la asignatura de fuera pista.
No voy a engañarte, dado su precio (que ahora veremos) y apariencia deportiva, cuesta meterle en terrenos no asfaltados. Sin embargo, una vez conectemos el modo allroad veremos que se desenvuelve con relativa soltura. La tracción quattro va repartiendo de manera automática el par, pudiendo enviar hasta un 70% de la fuerza delante o un 85%, detrás en función de la demanda.
En caso de que encuentre un obstáculo más complicado, basta con subir un punto el nivel, conectar el modo offroad y ver cómo la carrocería se eleva hasta los 25,4 cm para pasar sin problemas. Dado que es un modo para circular despacio y obtener la mayor tracción posible, el control de estabilidad se desconecta, se activa el control de descensos y la gestión de la transmisión varía para que, en las primeras relaciones, obtengamos algo parecido a una reductora.
Irresistiblemente… caro
Queda claro que este Audi Q8 resulta irresistible. Tanto por imagen, espacio, tecnología y comportamiento. No obstante, el haberse convertido directamente en el portabanderas de la gama Q de Audi, convierte a este todocamino coupé en un objeto de lujo. Así lo confirma un precio de partida que arranca en los 84.800 € y que, a poco que lo configure al gusto de nuestra unidad, se irá hasta los 126.780 € de tarifa.
Ahora bien, no deberás preocuparte de nada más, porque el Q8 que ve en nuestras imágenes viene equipado con todo lo que necesita. Cierto es que algunos de sus opcionales podrían venir de serie, pero dado que no es así, muchos de ellos se tornan como indispensables.
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