Prueba: Peugeot 508 2.0 HDI 140 cv – Cuestión de espacio

Por fuera, el 508 es más grande que el modelo al que sustituye, el 407 –emplea la misma plataforma 3 pero alargada y que comparte con otros modelos como el Citroën C5 o C6–. De hecho, por tamaño se queda a medio camino entre el 407 y el desaparecido 607.

El 508 mide 4,79 m de largo –4,69 m el 407 y 4,90 el 607–, 1,85 m de ancho y 1,45 m de alto. El diseño es de clásica berlina de tres volúmenes con los trazos típicos de la marca francesa, donde lo que más llama la atención es el diseño rasgado y agresivo de los faros delanteros. En la parte trasera, los faros están compuestos por diodos Led’s que, cuando lucen, dibujan tres líneas verticales que simulan, según la marca, “el zarpazo de la garra de un león”. Por dentro, las generosas dimensiones exteriores se traducen en un habitabilidad mucho mejor que la de su predecesor –aspecto que, por otro lado, no era complicado de mejorar–. Las plazas traseras ofrecen un buen espacio para las piernas y una altura suficiente como para que ningún pasajero roce con la cabeza en el techo. Por achura, podrían viajar tres personas con relativa comodidad, aunque la leve protuberancia que genera el túnel de transmisión junto con unas salidas de aire traseras algo intrusivas, condicionan la postura del pasajero central –sólo es aconsejable ocupar esa plaza en desplazamientos cortos–.

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