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Prueba Range Rover Velar: el espectáculo de lo bello

Dicen que la belleza no mira, sólo es mirada y eso, precisamente, lo que consigue el Velar que le miren. Ponemos a prueba en su versión diésel de 240 CV a uno de los SUV medios más atractivos del sector.

Que una marca tan pura como Land Rover acaba decantándose por tener una extensa variedad de productos SUV dice mucho en la fama y el éxito que estas carrocerías están cosechando. Aunque siendo justos, la firma inglesa no es novata en esto de los todocaminos. Como tampoco lo es a la hora de esculpir auténticas obras de arte que enamoran por su diseño. Una clara muestra de ello es, sin duda, el Evoque, un modelo que, como dijimos durante la última prueba, merece ser estudiado aparte.

El otro, el protagonista de esta prueba: el Velar. Un modelo del que puedo afirmar sin equivocarme que es de los más sugerentes, atractivos y llamativos que circula hoy día por las carreteras de medio mundo. Creado por Land Rover para llenar el hueco existente entre el propio Evoque y el Range Rover Sport, entra directamente a rivalizar con un sinfín de contendientes, la mayoría alemanes, frente a los que destaca, como decimos, por su imagen.

Atractivo nato

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Porque no hay un solo rincón de los 4,80 metros de este Velar que no capte nuestra atención. Desde un capó largo y abultado, hasta un lateral inspirador a medio camino entre unas formas deportivas y familiares pasando, quizá, por la zona más controvertida: la zaga. Si bien de mitad hacia arriba mantiene ese halo deportivo, con una luneta trasera de escueta superficie, un alerón posterior bien integrado o una moldura central ancha (más que la propia luneta) que se aprovecha para poner el nombre de la gama, de mitad para abajo no resulta tan llamativo.

El culpable, un difusor elevado con una moldura incrustada en el medio que origina un efecto óptico asimétrico y que le resta volumen. No obstante, entendemos que su finalidad no es otra que otorgarle una ventaja si decidimos circular por fuera del asfalto, pues no hay que olvidar que estamos en un Land Rover y eso, como veremos, siempre es sinónimo de aventura.

Siendo justos, la unidad que aquí analizamos iba a ataviada con el nivel de equipamiento R-Dynamic que le aporta un extra de deportividad. Pero más allá de contar con molduras en negro, llantas de 22 pulgadas o inserciones en cobre, lo cierto es que este Velar desprende atractivo. Tal es así que la segunda generación del Evoque que analizamos hace meses hereda muchos de los rasgos estéticos que convirtieron a nuestro protagonista en todo un dandi: tiradores de las puertas escamoteables, techo flotante, grupos ópticos, embellecedores laterales delanteros…

Un interior digitalizado

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Algo parecido sucede con el interior. Si leíste en su momento la prueba del Evoque este Velar apenas te sorprenderá. Tampoco lo hará si estás acostumbrado a ver habitáculos repletos de pantallas tales como los de Audi. Sin embargo, el Velar fue uno de los primeros en apostar por una triple pantalla para el puesto de conducción.

A destacar, el bautizado como Touch Pro de la consola central compuesto por dos monitores de 10 pulgadas cada uno. El superior de estilo panorámico aglutina todo lo relativo al sistema multimedia presentado además cierta inclinación para facilitar su visionado. La inferior, también de 10 pulgadas, es un poco más engorrosa, pues en ella no solo se juntan los mandos de la climatización sino también todas las funciones relativas a los asientos, ajustes e incluso el sistema de tracción del vehículo, el denominado Terrain Response 2. Para entrar en cada uno, basta con seleccionarlo en la parte superior y empezar a moverse con las ruletas. Eso sí, cada uno de los menús ofrece un sinfín de comandos, siendo necesario cierto periodo de adaptación para no perder la vista de la carretera cuando estamos en marcha.

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El ambiente digital lo completa, por un lado un cuadro de instrumentos digital de 12,3 pulgadas muy completo pero al que también hay que dedicarle tiempo y, por otro, a un volante con mandos táctiles cuyos comandos varían en función de la información que requiramos. Todo ello está rematado por un ambiente de calidad, de muy elevada calidad diríamos, construido como el coche Premium que es, con materiales nobles o equipamientos de primera línea entre los que destacaríamos incluso el tapizado en tela de los asientos o el equipo de sonido Meridian Surround.

Si nos ceñimos a la habitabilidad, el espacio reinante es más que suficiente para adultos de talla media, aunque en realidad lo que más llama la atención es el confort de marcha que obtendrán todos y cada uno de los ocupantes. Parte de culpa la tienen unos asientos mullidos que se ajustan perfectamente a cualquier contorno. Nunca sobra la climatización o la función masaje en los delanteros. El maletero, por su parte, cubica 673 litros que es una cifra muy a tener en cuenta, más aún si tenemos en cuenta que suponen 184 litros más que el Range Rover Sport. De formas regulares se puede llenar con todo lo que imaginemos, aunque si necesitamos hacer acopio de un sinfín de enseres siempre podremos abatir la segunda fila y disponer de los 1.731 litros resultantes.

Poderoso

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Otra de las virtudes del Velar es la amplia oferta mecánica que propone con nada menos que cuatro alternativas diésel y tres gasolina, entre las que se incluye el descomunal SVAutobiography con sus 551 CV de potencia. Dada la idiosincrasia del Velar en particular y de los SUV medios en general, creo que nadie duda de que el diésel es el combustible que mejor le sienta. Primero porque gracias a sus elevadas cifras de par consigue mover con soltura sus altos tonelajes (1.900 kilos en el caso de nuestro protagonista) y, relacionado con esto mismo, permite que las cifras de consumo no se disparen hasta valores preocupantes.

Quizá por ello nuestra elección ha ido a parar directamente al motor diésel intermedio, el 2.0 litros de cuatro cilindros perteneciente a la familia Ingenium que genera 240 CV. Es un rango de potencia aceptable, que mueve con facilidad el conjunto del Velar, pero no con toda la maestría que sí podríamos esperar en los D275 o D300, ya con su V6 de 3.0 litros y con 275 o 300 CV, respectivamente, actuando bajo su escultural capó.

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Además, si nos ceñimos a los datos oficiales de consumo, los 0,5 litros de más que gastan estos dos últimos frente a nuestro protagonista hacen que su elección sea más que acertada. Porque durante nuestra prueba, recorriendo principalmente un buen puñado de kilómetros de autovía, el gasto medio del Velar no bajó de los 9 litros, llegando a notar cierta falta de energía si lo llevamos cargado hasta los topes.

La parte buena, que el bloque es silenciosos y poco perceptible, gracias en parte a la excelente labor en el aislamiento acústico efectuado, pues en el momento en el que llevemos las ventanillas bajadas o estemos parados frente a él, sí notaremos una aspereza que jamás veremos en los V6. Ahora bien, hay que tener en cuenta su concepción y quien busque un Velar para ir del punto A al punto B devorando kilómetros con tranquilidad, este D240 es una opción más que acertada.

Alfombra voladora

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Porque la vía rápida es el mejor escenario para este Velar aunque peses a su tamaño y corpulencia no le hace ascos en absoluto a las carreteras reviradas. De hecho la puesta a punto de su chasis nos permite incluso catalogarle como el Land Rover más dinámico del momento quitando las versiones SVR claro está. Se le percibe ágil en los movimientos gracias a un compendio de virtudes entre las que se encuentran una dirección asistida eléctrica, la tracción integral, el control de reparto de par en curva o el diferenciar trasero activo.

La guinda la pone una transmisión automática rapidísima así como la suspensión neumática (opcional pero indispensable) y el selector de modos Configurable Dynamics con el que podemos cambiar los parámetros del vehículo para hacerlo más reactivo o más confortable. El único punto a mejorar, quizá, sean los frenos, con tendencia a fatigarse en exceso y a alargar las distancias.

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¿Y fuera pista? Ya sabéis que es una pregunta recurrente para todos los SUV pero si además hablamos de un Land Rover, cobra más sentido. Si lo comparamos con el resto de sus hermanos de similar tamaño o concepción, véase Discovery o Range Rover y no digamos Defender, e incluso con el Discovery Sport, pero enfrentándolo a sus contrincantes de otras marcas, destaca para bien.

El culpable, el sistema Terrain Response 2 con varios programas de actuación que nos brinda la oportunidad de sortear cualquier terreno, por muy farragoso que sea, casi sin despeinarnos. Solo unos neumáticos de perfil inadecuado harán que dudemos para rodar por algunas zonas. En caso de que no lo veamos claro, el control de tracción y el propio sistema Terrain Response 2 nos harán poco a poco avanzar. De hecho, incluso si no tenemos la confianza para ir dando gas por nuestra cuenta, ofrece el denominado All Terrain Progress Control, una especie de control de baja velocidad que únicamente hará que nos preocupemos de la dirección. Con todo, hay que decir que la suspensión neumática nos permite separar la carrocería del suelo hasta en 25 cm (es o no indispensable).

En definitiva

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Tras el éxito del Evoque, Land Rover consiguió elaborar un vehículo tan atractivo como elegante y dinámico. El Velar aglutina todos los argumentos de compra de quienes se lo pueden permitir: es bonito, amplio, refinado, con una gama de motores amplia y un bloque, el nuestro, que responde a lo demandado, ágil en curva y extremadamente apto para salir fuera del asfalto. Ahora bien, tras todas estas alabanzas ¿hay un pero? Por desgracia sí. El de siempre en este tipo de coches, el precio.

Por eso decimos que el Velar es la opción perfecta de quienes se lo puedan permitir. Porque si la gama ya parte de los 61.270 €, en el caso de equipar nuestro acabado R-Dynamic implica añadir 3.600 € a la factura por tener un guarnecido para el techo en Ebony Morzine y el acabado de la consola en aluminio Shadow. Al sumar nuestro motor, la factura ya asciende a los 72.080 € pero es que si además quieres tener nuestra misma unidad tendrás que tener ahorrados casi otros 34.000 € aumentando así la factura final hasta los casi 110.000 €.

¿Preparado para lo siguiente?

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