Prueba: Honda Jazz – La expresión por encima de la estética

La tercera generación del Honda Jazz recibió el pasado verano una actualización en diseño, tecnología y mecánicas. Para esta prueba, el protagonismo se lo lleva el propulsor de gasolina de acceso, el 1.3 i-VTEC de 102 CV, combinado con el nivel de acabado más alto.

Una mezcla curiosa que, eso sí, no evita que el precio supere los 18.000€. Cuenta la historia de la música que el Jazz, a diferencia de la música clásica, no busca tanto la pureza del sonido sino la expresividad con el instrumento. Es por ello por lo que el protagonista de estas líneas merece el apellido que le acompaña. Aparentar poco y expresar el máximo. Así es el Honda Jazz.

Desde sus inicios, el Jazz ha pertenecido a esa rara categoría de monovolúmenes urbanos. Un segmento que se ha ido reduciendo a causa de la fiebre SUV, dejando por el camino integrantes tan importantes como el KIA Venga o el Ford B-Max, resistiendo únicamente con el Hyundai ix20 y con el Honda Jazz de estas líneas. Un vehículo que mantiene sus escuetas cotas: 4,03 metros de largo, 1,70 de ancho y algo más de metro y medio de alto.

Ficha Técnica Honda Jazz 1.3 i

Motor: Gasolina, 4 cilindros en línea, atmosférico

Cilindrada: 1.318 cm3

Potencia: 102 CV a 6.000 rpm

Par: 123 Nm a 5.000 rpm

Velocidad Máxima: 190 km/h

Aceleración: 0-100 km/h: 11.4 seg.

Consumo (urbano/extraurb./mixto): 6,1 / 4,7 / 45,2 l/100 km

Emisiones CO2: 119 gr/km

Dimensiones: 4.028/ 1.694 / 1.525 milímetros

Maletero: 354-1.314 litros

Peso: 1.070 kg.

Cambio: Manual de 6 velocidades

Depósito: 40 litros

Precio ud. Probada: 18.950 euros

Interior mejorado y espacioso

Cotas que no le impiden ofrecer un habitáculo amplio y espacioso, como bien demuestran sus 2,5 metros de batalla, que proporciona un buen espacio para las piernas tanto en plazas delanteras como en las traseras. Igualmente, el hueco resultante para la cabeza permite que personas de talla alta se acomoden sin problemas, incluso si las plazas de piloto y copiloto están ocupadas por pasajeros en torno al 1,80 metros de estatura. Ahora bien, en caso de requerir un tercer ocupante en la zona trasera, este sí viajará algo más incómodo que el resto.

Un poco más atrás, el maletero cubica unos más que notables 354 litros, cifra que le asemeja incluso a compactos de mayor tamaño. En caso de requerir más espacio, no solo se pueden abatir los respaldos traseros, obteniendo un volumen de 1.314 litros, sino que el Jazz esconde un as en la manga.

Porque las plazas traseras cuentan posee una característica diferenciadora. Bautizados como Magic Seats, las banquetas se pliegan al estilo de las butacas de cine, dando como resultado un perfecto espacio sin desnivel en el que cabe cualquier objeto. La guinda la pondría gozar de algunos ganchos para sujetar las bolsas, pero que ofrezca esta posibilidad ya es un plus frente a su escasa competencia.

Te castiga en ciudad

Este monovolumen urbano posee un perfecto equilibrio entre confort y dinamismo. Por ciudad se desenvuelve con soltura gracias sus contenidas dimensiones, mientras que por carretera abierta, sorprende en lo que a estabilidad y aplomo se refiere gracias, en parte, al tarado excesivamente firme de sus suspensiones. Un esquema demasiado rígido que provoca una sensación muy ruda a su paso por zonas bacheadas, sobre todo si cogemos alguno de ellos con cierta velocidad.

Pese a ello, el Jazz presume de confort mayúsculo en carretera donde apenas se nota su categoría de urbano. Gracias a una rápida dirección y una estabilidad impropia de un monovolumen, resulta extremadamente cómodo devorar kilómetros.

Buen rendimiento

La gama mecánica del Jazz la componen dos bloques de gasolina (Honda ha ido despidiéndose paulatinamente del diésel). El más potente es el 1.5 i

Por debajo se sitúa el protagonista de estas líneas: el 1.3 i-VTEC de 102 CV, que puede igualmente combinarse con ambas cajas de cambio. Para nuestra prueba hemos optado por el manual de seis relaciones, evitando así el sobrecoste de 1.000 € del CVT.

Estamos ante un bloque atmosférico resultón pero al que le cuesta adquirir velocidad. Los 123 Nm de par, una cifra escasa, aparecen a las 5.000 rpm, 1.000 vueltas antes de que desate toda la caballería. Por tanto, hay que estirarlo hasta casi el corte para que respire y nos demuestre de lo que realmente es capaz. Y esa capacidad es buena, bastante buena diríamos, ya que pese a sus ‘raspados’ 100 CV, estos solo han de mover una masa de 1.080 kilos frente a la báscula.

Y aunque parezca mentira, el consumo mixto que hemos logrado con este Jazz no se dispara respecto al oficial. Honda homologa para esta versión gasto de 5,2 l/100 km y tras un uso variado, con zonas urbanas, extraurbanas y de carretera, nuestro dato se quedó estancado en los 6,3 litros.

Mucha y buena seguridad

El Honda Jazz cuenta con un equipamiento completo, y cerrado, en cada acabado, siendo los únicos extras los de la pintura metalizada (450 €) y el navegador (600 €). En materia de seguridad no se le puede reprochar nada. Variadas ayudas a la conducción componen su listado, como el aviso acústico de colisión frontal, la alerta por cambio involuntario de carril, el reconocimiento de señales de tráfico o la ayuda de arranque en cuesta.

El acabado Elegance incorpora elementos de confort como los asientos delanteros calefactables, tomas USB o HDMI, Bluetooth o pantalla de 7 pulgadas desde la que manejar la radio o el navegador (600 €). Con todo, aunque el precio ‘desde’ arranca en los 14.750 €, nuestra unidad se encaminaba hacia los 17.900 € y, a poco que incluyamos ambos extras, la tarifa ascenderá a los 18.950 €, una tarifa quizá demasiado elevada.

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