Perfectamente imperfecto

Puede que no sea uno de los SUV familiares más demandados pero no será por la cantidad de argumentos que ofrece. El Ford Edge recibe una profunda puesta al día que, eso sí, sigue careciendo de siete plazas. Para esta prueba hemos escogido el motor y el acabado más potentes.

Cuando en su momento probamos el Ford Edge nos congratulamos de que la firma del ovalo se decidiera a dar el salto y comercializar su todocamino de gran tamaño en tierras europeas. La pena para ellos fue el momento escogido, coincidente con el auge de los SUV de siete plazas. Una configuración que, inexplicablemente, no estaba (ni está) disponible para el propio Edge. Quizá por ello, el modelo americano únicamente matriculase 221 unidades durante el 2018, a más de 8.581 del primero, el Peugeot 5008.

Pese a todo, Ford no ha desistido en su empeño y con el objetivo de elevar estas ventas, durante este año ha puesto en liza una actualización del modelo. Renovación que, como es habitual, afecta tanto al apartado estético como al mecánico y dinámico, sin obviar el de confort o info entretenimiento.

Lavado de cara

Personalmente, el diseño del ‘anterior’ Edge me encantaba y aunque este restyling mantiene la esencia del mismo, hay determinados detalles que me ha sorprendido que desaparezcan. Me refiero, particularmente, a los grupos ópticos traseros que han pasado de conectarse mediante una tira a ser independientes. Gustos propios al margen, donde unas veces te quitan, otras te dan y en el caso de este Edge lo que llega es una acertadísimo acabado Vignale.

Con él, el todocamino yankee consigue elevar la calidad general al tiempo que ofrece un diseño de lo más peculiar, determinado por la abundancia de zonas cromadas, una calandra específica, llantas de 20 pulgadas multirradio o faros delanteros con tecnología Bi-LED matricial para mejorar el alcance y la visión al circular de noche. Detalles que, en nuestra unidad, venían acompañados de llamativo y elegante color granate especialmente.

En el habitáculo, el Edge asciende de nivel y nos recibe con un ambiente de lo más Premium gracias al cuero Windsor perforado blanco que tapiza tanto asientos como paneles de las puertas. También nos llama la atención el renovado cuadro de instrumentos así como el mantenimiento de la botonera central, algo desfasada para un vehículo de estas características.

Más huecos, pero para cinco

Donde sí da sensación de haber mejorado es en la practicidad, sobre todo la delantera. Parte de culpa la tiene el nuevo dial giratorio para la palanca de cambios (al estilo Jaguar o Land Rover) que ‘limpia’ esa consola central y permite albergar delante de ella un enorme hueco para dejar el teléfono. Los asientos, gracias a su mullido se adaptan perfectamente a nuestro contorno facilitándonos el realizar un viaje sin apenas fatiga.

Donde no hay variación alguna es en la habitabilidad. El Edge mantiene su configuración de cinco asientos, con una segunda fila que ofrece un amplísimo hueco tanto a lo largo, alto y ancho. El maletero, por su parte, sigue ofreciendo unas formas muy cuadradas y aprovechables que, en cifras, se traducen en 602 litros hasta la bandeja, 800 litros hasta el techo y 1.847 litros cuando se abaten los respaldos de la segunda fila.

Diésel, ¿por qué no?

En el apartado mecánico, a muchos les sorprenderá que el Edge apueste exclusivamente por mecánicas diésel, pero lo cierto es que la elección de este combustible es la más acertada, más aún si tenemos en cuenta su tamaño y peso. En este caso, la dupla a la venta en nuestro país parte del bloque 2.0 EcoBlue de cuatro cilindros para entregar 190 y 238 CV. Un propulsor de nueva factura adaptado a la normativa de emisiones.

Para nuestra prueba, la opción escogida fue la segunda, alcanzando dicha potencia gracias a la inclusión de un segundo turbo. Le acompaña un par máximo de 500 Nm que surgen desde las 2.000 rpm, todo ello perfectamente gestionado a través de la nueva transmisión automática de ocho relaciones.

En marcha, el conjunto desprende suavidad. El motor, sin llegar a ser explosivo, sí posee unas prestaciones más que correctas, 9,6 segundos para pasar de 0 a 100 km/h, 216 km/h de punta y un consumo medio homologado de 7,3 l/100 km que, en condiciones reales, ronda más los 8,5 l/100 km. La transmisión del tipo convertidor de par es rápida y eficaz, eliminando los saltos entre marchas y logrando que todo su potencial se desate casi sin desfallecimientos.

La guinda la pone un sistema de tracción total inteligente que reparte, de manera automática, la fuerza entre ambos ejes, pudiendo desconectar por completo el eje trasero, ajustando así e consumo o, en su defecto, equilibrando la tracción para mejorar el agarre y la seguridad.

Todo un rutero

Dinámicamente, el Edge apenas ofrece variaciones frente a su predecesor. Se sigue percibiendo como un modelo grande y pesado, pues no hay que olvidar que mide 4,83 metros y que, con este motor y este equipamiento, el conjunto se eleva hasta los 2.116 kilos. Para paliar esta ligera torpeza, hace gala de una dirección bastante precisa y, sobre todo, del comentado sistema de tracción total que trabaja a las mil maravillas.

Puede que las carreteras secundarias no sean su hábitat natural, como tampoco lo son las pistas no asfaltadas. Cierto es que el comentado 4x4 unido a una altura libre al suelo de 19 cm nos permitirán afrontar caminos de tierra pero todo lo que sea más difícil acabará por complicarle la vida, y mucho, a nuestro protagonista.

Más aún si suma el acabado más lujoso de la gama, el Vignale de nuestra unidad. Quien opte por este nivel no solo verá en el SUV americano una perfecta alternativa a los todocaminos Premium, sino que su principal objetivo será disfrutar del confort de marcha que le brinda el modelo. Para lograrlo, échese a la carretera, active el control de velocidad de crucero adaptativo y disfrute del trayecto gracias a la excelente insonorización que ofrece.

Alma premium

Catalogarle como un SUV premium no es una cuestión de azar, pues el Edge Vignale es, sin lugar a dudas, la versión más cara de toda la gama. Así lo corroboran los 63.025 € de los que parte combinándolo con el motor más potente, tarifa que le sitúa a la altura de modelos como el Audi Q5, el BMW X3 o el Mercedes-Benz GLC, entre otros, y que puede aumentar hasta los 68.000 € a poco que añadamos, como en nuestra unidad, todos los extras disponibles.

¿La ventaja frente a estos modelos de corte más lujoso?, pues que su dotación de serie apenas ofrece fisuras y contamos con un todocamino bien equipado, vistoso y de muy alta calidad. Sin embargo, aunque estos modelos están cercas, debemos ser realistas y los rivales naturales del Edge son los Peugeot 5008, Skoda Kodiaq, SEAT Tarraco, Volkswagen Tiguan Allspace… frente a los cuales tiene la carencia de no ofrecer, por desgracia para él, las siete plazas. La perfección está cerca, y tan lejos al mismo tiempo.

Ficha Técnica Ford Edge Vignale 2.0 TDCi 240 CV 4x4 Automático 8 vel

Motor: Diésel, cuatro cilindros en línea

Cilindrada: 1.995 cm3

Potencia: 238 CV a 4.000 rpm

Par: 500 Nm a 2.000 rpm

Velocidad Máxima: 216 km/h

0-100 km/h: 9,6 seg

__Consumo Combinado __(WLTP): 7,3 l/100 km

Emisiones CO2 (WLTP): 192 gr/km

Dimensiones: 4.834 / 1.928 / 1.742 milímetros

Maletero: 602-1.847 litros

Peso: 2.116 kg

Cambio: Automática, con convertidor de par, de ocho velocidades

Depósito: 64 litros

Precio: 63.025 euros

Precio ud. probada: 67.840 euros

¿Preparado para lo siguiente?

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