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Cómo prevenir el sobreviraje y el subviraje

Son muchos los factores que pueden hacer que un conductor pierda el control de su vehículo: frenos, aceleración, bloqueo de ruedas, velocidad inapropiada, estado de la calzada, etc. Te enseñamos cómo actuar para evitar un subviraje o un sobreviraje que te eche de la carretera.

"Subviraje es cuando ves el árbol contra el que vas a estrellarte. Sobreviraje es cuando solo lo sientes." Con estas descriptivas palabras diferenciaba el campeón del Mundo de Rallies Walter Röhrl lo que es una cosa y otra. Si bien hemos preparado este artículo precisamente para que evites cualquier incidente en caso de perder el control del coche, sí es una frase que puede ser útil para explicar cuándo sucede el subviraje y cuándo ocurre el sobreviraje.

Tanto los sobrevirajes como los subvirajes son dos peligrosas reacciones que los conductores han de prevenir y, en cualquier caso, saber solventar para su mayor seguridad. En ello, las técnicas de conducción juegan un papel esencial a la hora de disminuir el riesgo de sufrir un accidente de tráfico. Y es que, además de prestar la máxima atención mientras se conduce disponiendo de los elementos de seguridad oportunos, resulta muy importante conocer ciertas pautas para poder actuar con la máxima diligencia, evitando así situaciones peligrosas.

Cómo evitar el sobreviraje y el subviraje

Sobreviraje y subviraje, los dos términos mencionados anteriormente se dan con cierta asiduidad por diferentes motivos, pero antes de nada han de aclararse cada uno de los conceptos para entender mejor el comportamiento de las ruedas de un vehículo y las reacciones que pueden provocar en el mismo.

Un vehículo, cuando aborda una curva, entra en acción fuerzas centrífugas, además de repartir y desplazar los pesos. En este sentido, si un conductor entra en una curva con una velocidad excesiva en relación al giro a efectuar, es muy probable que la parte delantera no gire lo suficiente y tienda a irse demasiado recta hacia la parte exterior de la curva. Es en este momento cuando se suele cometer el fallo de dar un volantazo, con la idea de hacer girar el vehículo, acción que resultará en vano. Esta pérdida de control sobre el eje delantero es lo que produce el subviraje. Para controlar esta reacción, hay que evitar dar un volantazo y soltar de manera progresiva el acelerador mientras se disminuye el ángulo de giro del volante. Al mismo tiempo, se debe pisar el freno suavemente, aunque el vehículo cuente con el sistema ABS, lo cual evitará el bloqueo de las ruedas, permitiendo recuperar el control del vehículo.

En el caso de que el vehículo no cuente con frenos ABS, el conductor debe soltar el acelerador con delicadeza, dando pequeños toques seguidos al freno, puesto que ambas acciones pueden convertirse en un buen sustituto del ABS. A todo ello habría que sumarle cierta destreza al volante. Si se cuenta con aún más pericia, otra alternativa es accionar el freno de mano con la debida precaución, siempre que este actúe sobre el eje trasero y no sea eléctrico. Pero se ha de advertir que se trata de una maniobra muy complicada. El subviraje es una de las reacciones más habituales, puesto que la mayoría de vehículos no solo tienen el motor en la parte delantera, sino que, además, disponen de tracción en las ruedas delanteras. Si un vehículo cuenta con un motor de propulsión o es de tracción trasera, será menos probable que pueda darse tal reacción.

Subviraje y sobreviraje

El sobreviraje es lo opuesto al subviraje y se produce porque el vehículo gira más de lo que pretende el conductor; es decir, ocurre cuando las ruedas traseras del automóvil tienen menos tracción que las delanteras, lo que provoca que la parte posterior del vehículo se deslice lateralmente, originando, en algunos casos, el típico trompo. Este fenómeno es mucho más frecuente en vehículos con tracción trasera, donde un exceso de aceleración en la entrada de una curva produce diferentes efectos respecto a los vehículos de tracción delantera. Para poder corregir esta peligrosa reacción se ha de pisar el pedal del embrague (en vehículos de transmisión manual) y girar apresuradamente el volante en el mismo sentido de la derrapada. Esta acción se conoce coloquialmente como contravolante y, gracias a ello, se consigue no perder el control del vehículo.

El estado de los neumáticos es clave

Para evitar en gran medida estas y otras reacciones peligrosas que pueden ocurrir mientras se circula es de vital importancia que los neumáticos estén en buen estado. Cuando se toma una curva, la adherencia de los neumáticos (el 100 % del total) debe distribuirse entre las fuerzas que intervienen en el automóvil. Por tanto, con el volante en giro hay que trazar bien la curva para tomar la trayectoria deseada en óptimas condiciones, puesto que la fuerza centrífuga y centrípeda entran en acción y, al repartirse el total de la adherencia al tomar la curva, los neumáticos ofrecen menos adherencia en comparación a un trazado recto. Por tanto, cuando a los neumáticos se les exige más de su adherencia máxima, estos no responden a la orden del conductor. Es decir, nunca se le puede pedir a los neumáticos más adherencia de la que pueden ofrecer.

Para mitigar, en la medida de lo posible, la pérdida de adherencia los vehículos incorporan diferentes tecnologías avanzadas: el ABS, cuyo cometido es que los neumáticos se adhieran perfectamente al piso durante las frenadas, puesto que se trata de un sistema que evita que las ruedas se bloqueen y que, por tanto, pierdan adherencia. El control de tracción, que es un dispositivo electrónico de seguridad activa creado para impedir que las ruedas patinen ante una aceleración brusca o si se conduce por una calzada deslizante. Se trata de un sistema que emplea los sensores del ABS para poder determinar el momento en que una rueda patina ante un exceso de potencia, actuando en consecuencia.

Por lo general, el control de tracción compara la velocidad de giro de las ruedas del eje libre con las del eje motriz, de tal forma que, si percibe que la velocidad de rotación de las ruedas motrices es superior a la velocidad del otro eje, determina que es posible que el vehículo patine por un exceso de potencia, y actúa, en la mayoría de vehículos, reduciendo la inyección de combustible, o bien, frenando de modo independiente las ruedas que patinan. El control de seguridad actúa sobre los frenos de modo automático evitando que el vehículo pierda la trayectoria. Su funcionamiento es muy eficaz y ofrece una gran seguridad, ya que protege ante derrapes imprevistos del eje delantero, del trasero o de ambos, paliando su efecto y ayudando a corregir la trayectoria que el conductor ordena a través del volante.

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