Prueba: Suzuki Swift Sport – La diversión como pauta

Suzuki evoluciona el concepto del Swift Sport proponiendo un modelo atrevido estéticamente y extremadamente divertido de conducir. Animado por un bloque turbo de 140 CV basa su efectividad en un chasis bien calibrado y en un peso muy por debajo de la media.

Los conductores más añejos seguramente recuerde cómo en la década de los 80, todo aquel que quería un GTI de bolsillo optaba por los aguerridos y llamativos Swift GTI, con su motor 1.3 Twin Cam de 16 válvulas y 101 CV (la segunda generación subió hasta 104) que coronaban con un régimen de vueltas de nada menos que 7.500 rpm.

Con la tercera generación, ya dentro del nuevo siglo, la japonesa decidió cambiar el bloque por un 1.6 VVT de 125 CV y el apellido GTI por el Sport. Propulsor y denominación que mantuvo durante la cuarta generación, potenciada eso sí hasta los 135 CV, y que ahora, con la quinta en boca de todos, solo mantiene el nombre.

Bienvenido a la era turbo

Sí, porque mientras el anterior Swift Sport resistía con un motor atmosférico cuando el resto iba apostando por la turboalimentación, con la llegada de nuestro protagonista la japonesa finalmente ha sucumbido a esta nueva era. De esta forma, bajo el capó se aloja el 1.4 BoosterJet de inyección directa que la marca ya emplea en otros modelos como el S-Cross o el Vitara… aunque con una configuración menos agresiva.

Porque aunque la potencia y el régimen de giro son los mismos que en los crossover, 140 CV a 5.500 vueltas, el par máximo es superior en el caso de nuestro Swift Sport, 230 Nm disponibles entre las 2.500 y las 3.500 rpm (10 Nm más a un número de vueltas mayor). Esto, combinado con un peso de únicamente 1.045 kilos en la unidad de la prueba, se traduce en una relación peso/potencia de 7,46 kg/CV y en un comportamiento casi de rally.

De tramo en tramo

Y es que por encima del motor, este Swift Sport destaca por una puesta a punto sobresaliente, avalada por una suspensión firme pero permisiva para circular incluso por carreteras rotas, una dirección directa que transmite toda la información que requerimos, un cambio rápido y preciso y un chasis que permite ir subiendo metro a metro el ritmo.

Ficha Técnica Suzuki Swift Sport

Motor: Gasolina, cuatro cilindros en línea, turboalimentado

Cilindrada: 1.373 cm3

Potencia: 140 CV a 5.500 rpm

Par: 230 Nm entre 2.500

Velocidad Máxima: 210 km/h

0-100 km/h: 8,1 seg.

Consumo (urbano/extraurb./mixto): 6,8 / 4,8 / 5,6 l/100 km

Emisiones CO2: 125 gr/km

Dimensiones: 3.890 / 1.735 / 1.485 milímetros

Maletero: 265-579 litros

Peso: 1.045 kg.

Cambio: Manual de seis velocidades

Depósito: 37 litros

Precio: 21.370 euros

Con todo, entrar en una curva sin apenas necesitar tocar el freno resulta toda una experiencia. Un simple gesto con el volante y los 3,89 metros de Swift Sport habrán pasado el vértice de manera fulgurante. Para detenerlo, pocos esfuerzos gracias al escaso lastre que arrastra y a que los frenos traseros también son de disco en lugar de tambor.

El único pero, el motor. Quizá no por rendimiento, porque los 140 CV resultan más que suficientes para moverle con alegría y soltura, pero sí por sonido. Porque nada más arrancar, no sentimos nada. Cero borboteos, cero pasión. Vamos, lo mismo que podría percibir en un Swift de 140 CV que no llevase impreso el apellido Sport.

Por suerte, algo tiene este bloque en su rendimiento que termina por engancharnos. A destacar su empuje ya desde las 2.000 vueltas, para terminar por desatarse a las 5.500 rpm. Cierto es que para divertirnos no habrá que llevarle siempre tan alto de vueltas, pero si lo logramos, mantendremos el gesto de alegría durante más tiempo.

El Siwft Sport gana velocidad con facilidad gracias a los cortos desarrollos que ofrece hasta la cuarta marcha. De ahí, una vez alcancemos la quinta y la sexta veremos cómo a la aguja le cuesta más avanzar. Cualidad que le permite contener bastante más el consumo.

Sí, porque otra de las virtudes de este 1.4 BoosterJet es su consumo. Cierto es que a un ritmo elevado el gasto no bajará de 7,5 l/100 km, pero si somos cautos con el pedal derecho y, sobre todo, si alternamos escenarios, veremos que nuestro ordenador marcará en torno a los 6,3 l/100 km. Un dato muy a tener en cuenta si observamos que el homologado está cifrado en 5,6 litros. La pega, que el depósito de combustible resulta demasiado pequeño, y los 37 litros nos obligarán a repostar cada 570 kilómetros si vamos a ritmo pausado o cada 490 si le damos ‘caña’.

Estilo macarra

En el apartado estético, este Swift Sport tampoco creará indiferencias. Ya nos cautivó durante la presentación nacional a la que asistimos hace unos meses y ahora, durante la semana de prueba, no hemos tenido un solo comentario negativo acerca de él. Quizá sea por el llamativo color amarillo, exclusivo de esta versión, o porque los diseñadores nipones han sabido diferenciarle del resto de la gama con mínimos pero precisos detalles, pero lo cierto es que ha enamorado a todos lo que le han puesto el ojo encima.

Y es que sete Swift Sport exhibe un aspecto un tanto canalla y muy musculoso, definido por unas vías 40 mm más anchas. El frontal ha sido revisado incluyendo una parrilla específica más ancha y con un tramado de tipo nido de abeja en negro, mismo color que tinta parte de las llantas de 17 pulgadas, también exclusivas.

La zona inferior está revestida por unos apéndices aerodinámicos en imitación a la fibra de carbono mientras que en la zaga, el elemento más visual es el difusor con la doble salida de escape cromada. En la zona superior un pequeño alerón se encarga de cerrar un conjunto que, por qué no, evoca al del mundial de rallies.

De puertas para dentro, más estilo Racing. Lo primero que llama la atención son los asientos deportivos con el reposacabezas integrado que, todo dicho sea de paso, ofrecen una sujeción increíble. Tapizados en tela, cuentan con un pespunte en rojo muy deportivo, el cual también está presente en el volante deportivo (con la parte inferior achatada), el pomo del cambio o en las molduras situadas en el salpicadero.

Un puesto de conducción que ofrece, igualmente, elementos específicos, como los pedales metálicos, el cuadro de instrumentos con la zona del cuentarrevoluciones en rojo, o las pantallas del ordenador de abordo con información relativa al turbo, la aceleración y la frenada, las fuerzas G o el par y la potencia entregados.

El único punto a mejorar sería, sobre todo, el de la calidad percibida. Principalmente porque pese al apellido Sport, este Swift sigue siendo un Swift, es decir, que hereda todo el salpicadero revestido de plásticos duros. Cierto es que los ajustes son bastante buenos, pero dado el incremento de precio que atesora, nos hubiera gustado que empleara más partes mullidas.

Y es que para optar por este Swift Sport, tendrás que invertir 21.370 € (con los decuentos comerciales vigentes se queda en 19.370 €), es decir, 2.000 € más que por el 1.0 SHVS con acabado GLX. Lo bueno es que no parece una inversión demasiado costosa, principalmente viendo lo mucho que nos puede ofrecer a nivel dinámico, pero en contrapartida pasaremos de una etiqueta ECO (el SHVS es microhíbrido, tal y como os contamos en la prueba del Ignis) a una C. En nuestro caso, nos arriesgaríamos a no aparcar en situaciones de alta contaminación en detrimento de poseer uno de los utilitarios GTI más emocionantes del momento.

¿Preparado para lo siguiente?

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