El profeta incomprendido: la loca historia del Volkswagen Golf Country y cómo inventó el SUV treinta años antes de tiempo
Si hoy entras en un concesionario, lo raro es no tropezar con un SUV. Los coches altos, con plásticos negros en los pasos de rueda y aspecto aventurero dominan las carreteras de todo el mundo. Pero hubo un tiempo, concretamente a finales de los años 80, en el que la idea de coger un compacto familiar, levantar la suspensión y ponerle tracción total para subir bordillos (o montañas) sonaba a chiste de ingenieros borrachos. En ese contexto de ortodoxia automovilística, Volkswagen tuvo la audacia —o la locura— de lanzar al mercado el Golf Country Syncro, un coche que fue un fracaso comercial estrepitoso en su día y que hoy es venerado como el profeta que nadie quiso escuchar.
De prototipo de salón a las montañas de Austria
La historia de este Frankenstein comienza casi por accidente en el Salón de Ginebra de 1989. Volkswagen presentó un prototipo llamado "Golf Montana", un ejercicio de diseño pensado para llamar la atención en el stand y sondear la reacción del público ante un vehículo recreativo. Para sorpresa de los ejecutivos de Wolfsburgo, los concesionarios y la prensa se enamoraron del concepto. La gente no quería solo un GTI para correr; empezaba a demandar un coche para el estilo de vida activo, para ir a esquiar o a la casa del lago sin quedarse atascado en el barro.
Animados por la respuesta, Volkswagen dio luz verde al proyecto, pero había un problema: la cadena de montaje del Golf Mk2 no estaba preparada para fabricar semejante rareza. La solución fue subcontratar la producción a los mayores expertos en 4x4 de Europa: Steyr-Daimler-Puch en Graz, Austria. Sí, los mismos que fabricaban el legendario Mercedes Clase G o el sistema Quattro de Audi. El proceso era digno de una operación artesanal: Volkswagen enviaba los Golf CL Syncro de cuatro puertas terminados desde Alemania hasta Austria. Allí, los ingenieros de Steyr desmontaban medio coche para instalar un subchasis de acero tubular que elevaba la carrocería 12 centímetros, montaban las defensas cromadas (los famosos "mataburros"), la rueda de repuesto en el portón trasero y protecciones de bajos.
Un todocamino real, no de "postureo"
A diferencia de muchos SUV modernos que son tracción delantera y se atascan en un charco de hierba mojada, el Golf Country iba en serio. Equipaba el sistema de tracción total Syncro con acoplamiento viscoso. En condiciones normales, el coche se comportaba como un tracción delantera, pero al detectar la más mínima pérdida de adherencia, el sistema enviaba hasta el 50% del par al eje trasero. No tenía bloqueos de diferencial manuales ni reductora, pero su ligereza y sus cotas todoterreno (gracias a la altura libre al suelo) le permitían humillar a todoterrenos mucho más grandes y caros en terrenos complicados.
Sin embargo, el mercado fue cruel. El coche se lanzó en 1990 y el público no entendió la propuesta. Era lento, su motor 1.8 de 98 CV sufría para mover el peso extra y la aerodinámica de ladrillo, gastaba mucho combustible y, sobre todo, era carísimo. Costaba más que un Golf GTI 16v, y por ese precio, la gente prefería prestaciones en asfalto antes que aventuras en el campo. Volkswagen esperaba vender 15.000 unidades, pero cuando la producción cesó en 1991, apenas se habían fabricado 7.735 coches. Fue catalogado como una rareza, una nota al pie de página en la historia del Golf.
El legado: el abuelo del Tiguan y el T-Roc
Tuvieron que pasar casi dos décadas para que el mundo le diera la razón a Volkswagen. Hoy, el concepto del Golf Country es la norma. El Nissan Qashqai, el Volkswagen Tiguan o el T-Roc no son más que herederos espirituales de aquella idea: un turismo cómodo con capacidades ampliadas. Incluso marcas de lujo como Porsche con el 911 Dakar o Lamborghini con el Huracán Sterrato están explotando ahora el concepto de "deportivo levantado" que el Golf Country exploró hace 35 años. La única diferencia es que el Country tenía un encanto rudo y analógico, con su rueda colgada atrás obligando a un complejo sistema de bisagras para abrir el maletero, que los modernos crossovers de centro comercial jamás tendrán.
Situación del mercado
Como suele ocurrir con los visionarios, el tiempo ha puesto al Golf Country en su sitio. De ser un coche "viejo y raro" que nadie quería, ha pasado a ser una pieza de colección muy buscada por los amantes de lo "Youngtimer" y la cultura Overland. Si te ha picado el gusanillo y buscas uno en AutoScout24 España, la misión no es sencilla, pero tampoco imposible.
Debido a que se vendieron muy pocas unidades nuevas en España (la mayoría son importados de Alemania), la oferta es limitada. Los proyectos de restauración, con óxido en los bajos y muchos kilómetros, pueden encontrarse a partir de los 10.000 o 12.000 euros. Sin embargo, si buscas una unidad en estado de concurso, con la pintura original, las pegatinas Country intactas y el interior cuidado, el precio se dispara. Las mejores unidades europeas ya se están moviendo en la horquilla de los 18.000 a 25.000 euros. Mención aparte merece la rarísima versión Chrome Edition (con interior de cuero beige y techo solar corredizo de lona), que es el unicornio del modelo y cuyas cotizaciones pueden rozar los 30.000 euros. Un precio alto, sí, pero es lo que cuesta tener en el garaje al coche que vio el futuro antes que nadie.
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