Hans-Joachim Stuck, el coloso amable del automovilismo, cumple 75 años
En el paddock de cualquier circuito del mundo, desde el Nordschleife hasta Daytona, hay una figura que destaca por encima de las cabezas de los demás. Mide 1,94 metros, tiene una risa contagiosa y, si tienes suerte, es posible que le escuches cantar yodel (canto tirolés) antes de subirse al coche. Ese hombre es Hans-Joachim Stuck, y este 1 de enero de 2026, el automovilismo mundial se pone en pie para celebrar sus 75 años.
Más conocido por sus allegados como "Strietzel" (un apodo cariñoso que le puso su madrina por su parecido con un pastel de miel bávaro), Stuck no es solo un piloto con un palmarés envidiable; es uno de los últimos caballeros de la vieja escuela. Un talento natural capaz de ir rápido con cualquier cosa que tenga cuatro ruedas y un volante.
El peso de un apellido y un talento precoz
Nacer el día de Año Nuevo de 1951 en Garmisch-Partenkirchen siendo hijo de Hans Stuck, el legendario "Rey de la Montaña" de Auto Union en los años 30, podría haber sido una losa. Para "Strietzel" fue gasolina. Su obsesión era tal que consiguió una exención especial para sacarse el carné de conducir a los 16 años.
Pero las carreteras se le quedaron pequeñas enseguida. En 1969, con apenas 18 años, debutó en el "Infierno Verde" de Nürburgring con un BMW 2002. Solo un año después, en 1970, ganaba la primera edición de las 24 Horas de Nürburgring con ese mismo coche preparado por Koepchen. Había nacido un "Ringmeister".
Los años 70 fueron un torbellino de éxitos que demostraron su versatilidad. En 1972 conquistó el Campeonato Alemán de Turismos (DRM) con un Ford Capri RS. En 1974 fue subcampeón de Europa de Fórmula 2 con March-BMW y, en 1975, cruzó el Atlántico para ganar las 12 Horas de Sebring con el icónico BMW 3.0 CSL "Batmobile".
Su paso por la Fórmula 1: Talento bajo la lluvia
Entre 1974 y 1979, Stuck fue un fijo en la parrilla de la Fórmula 1. Pilotó para March, Shadow, ATS y Brabham (entonces dirigido por Bernie Ecclestone). Aunque su altura era un hándicap en los estrechos monoplazas de la época, dejó destellos de genialidad, especialmente cuando el asfalto se mojaba.
Su mejor temporada fue 1977 con Brabham-Alfa Romeo, logrando dos podios (Alemania y Austria) y liderando el Gran Premio de Estados Unidos bajo un diluvio hasta que la mecánica le traicionó. Sin embargo, su destino dorado no estaba en los monoplazas, sino en los prototipos.
La Era Dorada con Porsche y "La Vuelta Perfecta"
A mediados de los 80, Porsche buscaba al piloto total para su programa de Grupo C. Stuck fue la pieza clave. Junto a su inseparable amigo Derek Bell, formó una pareja imbatible a los mandos del Porsche 962 C, logrando el Campeonato del Mundo de Resistencia en 1985 y ganando las 24 Horas de Le Mans consecutivas en 1986 y 1987.
Pero antes de las victorias, Stuck escribió su nombre en los libros de historia con una hazaña de velocidad pura. Fue en la clasificación de las 24 Horas de Le Mans de 1985. Stuck voló sobre el asfalto francés para marcar una pole position estratosférica: 3’14,80. Esa vuelta, con una velocidad media de 251,815 km/h, se convirtió en leyenda. Fue el récord absoluto de la pista durante 32 años. Nadie pudo batir ese tiempo durante más de tres décadas, hasta que Kamui Kobayashi lo logró en 2017 con un Toyota híbrido moderno. Aquella vuelta de Stuck sigue siendo recordada como una de las demostraciones de valentía y precisión más grandes de la historia, en una época donde la recta de Les Hunaudières no tenía chicanes y los coches superaban los 350 km/h de noche.
La Conquista de América: El terror del IMSA con Audi
Si hay una imagen que rivaliza con la de Stuck en el Porsche, es la de "Strietzel" domando a las bestias de Audi en Estados Unidos. A finales de los 80, Audi le reclutó para demostrar la superioridad de la tracción quattro.
En 1988, ganó el campeonato Trans-Am con el Audi 200 quattro. Pero lo mejor llegó en 1989 en el campeonato IMSA GTO. Stuck se puso al volante del Audi 90 quattro IMSA, un monstruo de chasis tubular, carrocería ensanchada de fibra de carbono y más de 700 CV que escupía fuego por el escape lateral. Ganó 7 carreras esa temporada, enamorando al público americano con su estilo agresivo y espectacular.
Retorno a Alemania: DTM y victorias históricas
De vuelta a casa, Stuck no bajó el ritmo. En 1990, logró lo impensable: ganar el título del DTM con el gigantesco Audi V8 quattro, una limusina de lujo convertida en coche de carreras, derrotando a los ágiles BMW M3 y Mercedes 190E.
Su hambre de victoria no cesó en las décadas siguientes, logrando hitos únicos que demuestran su capacidad de adaptación: En 1993 fue Campeón del IMSA Supercar con el Porsche 911 Turbo 3.6. En 1998 hizo historia al ganar las 24 Horas de Nürburgring con un BMW 320d, la primera victoria absoluta de un coche diésel en una gran carrera de resistencia. Y en 2004 volvió a ganar las 24 Horas del "Infierno Verde", esta vez con el espectacular BMW M3 GTR V8.
El legado de un caballero
La carrera de Stuck ha sido longeva como pocas. En 2011, protagonizó una despedida de película: corrió sus últimas 24 Horas de Nürburgring en un equipo formado por él y sus dos hijos, Johannes y Ferdinand, a los mandos de un Lamborghini Gallardo. Incombustible, incluso en 2021, con 70 años, fue subcampeón de las GT2 European Series con KTM.
Fuera del coche, Hans-Joachim Stuck ha sido presidente de la Federación Alemana de Automovilismo y un embajador incansable. Pero para los aficionados, siempre será ese gigante amable, el hombre de la vuelta perfecta en Le Mans y que, al bajarse del podio, siempre te saludaba con una sonrisa.
¡Alles Gute zum Geburtstag, Strietzel!
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