50 años del indestructible y eterno coche para todo, el Mercedes-Benz W123
Uno de los Mercedes-Benz más icónicos de la historia. Y objetivamente, el más exitoso, con unas 2,7 millones de unidades vendidas, en multitud de variantes. El Mercedes-Benz W123, el abuelo del actual Clase E, agrandó el nombre de la marca alemana, con un coche lujoso pero discreto, sencillo, confortable y prácticamente indestructible, gracias a una mecánica a prueba de bombas y avances técnicos impensables para la época.
Hace 50 años que nació una leyenda que aún hoy sobrevive, y para la que Mercedes-Benz sigue fabricando recambios, esta vez, convertido en un clásico de culto. La forma característica de las ópticas que acompañaron a los Mercedes durante décadas, con la clásica calandra adaptada a los nuevos tiempos y la estrella de tres puntas saliendo del vértice del capó como un símbolo de una época pasada, el W123 incorporó todos los elementos que hacían a un Mercedes inconfundible.
Un vehículo de lujo… pero también profesional
Desde Mercedes-Benz destacan el carácter ambivalente del W123. Un modelo que para la marca alemana “ofrece rendimiento sin ostentación y comodidad sin pompa”. Y lo cierto es que una de los atributos que definen al W123 es su versatilidad. Particularmente célebres son sus variantes diésel, que partían desde los 55 cv del 200D hasta los 125 cv del 300D turbodiesel, sin olvidar la versión sin turbo, de 87 caballos, que era absolutamente indestructible.
Esta fiabilidad y resistencia hizo que fueran la base para vehículos de trabajo. El W123 sirvió ampliamente como taxi en muchos países, como ambulancia en Alemania y Austria, e incluso como coche fúnebre, gracias a la variedad de carrocerías.
Cuatro versiones disponibles
Porque, en realidad, el formato berlina sólo era una página más del catálogo. Sí, la variante W123 fue la más extendida, según Mercedes, 2.375.000 unidades de los 2,7 millones fabricados son sedanes de todas las motorizaciones, pero también existían variantes familiares (S123) -disponible hasta en versiones con 7 plazas-, limusina con chasis de batalla larga (V123) y con carrocería parcial (F123), destinada a su modificación para, por ejemplo, ambulancias. Y por supuesto, la joya de la corona, la versión coupé, más baja, más corta y mucho más deportiva, el C123, aparecido en la primavera de 1977.
Tecnología de vanguardia en los años 70
Y además del diésel, los motores de gasolina del W123 también gozaron de una fama bien merecida, como por ejemplo el 6 cilindros en línea y 2,5 l de 140 caballos, o el motor de inyección de cuatro cilindros y 2,3 l del 230E a partir de 1980. Pero por encima de todos, el 280E de 185 caballos e inyección electrónica, en este caso, un 6 cilindros en línea, que por cierto, cayó también en las manos de AMG antes de ser propiedad de Mercedes.
Y la tecnología no sólo se quedaba en el propulsor: frenos de disco en las cuatro ruedas, columna de dirección colapsable en caso de accidente, parabrisas de seguridad, carrocerías con zonas de deformidad programada y célula de seguridad, depósito de combustible integrado en el chasis y desde principios de los años 80, airbag y ABS opcionales. Un tanque tanto por fuera como por dentro.
Ganador del rally más largo del mundo
La velocidad no era el punto fuerte del W123, hecho para ser duro, fiable y confortable. Podía lidiar con lo que le echaran. Así que Mercedes alineó 6 ejemplares del 280E, la variante más potente, para el rally más largo del mundo: el Maratón Londres-Sydney, que volvió a disputarse en su segunda edición en 1977, con un trazado de unos 30.000 km a través de Europa, Oriente Medio, sureste asiático y un extenso recorrido por el interior de Australia. Esta mastodóntica prueba vio un doblete de dos W123, con el británico Andrew Cowan al volante del ganador.
Y el coche era básicamente el mismo de serie, con ligeras modificaciones, como protección de bajos y cubrecárter, barras antivuelco y depósito de combustible aumentado. Las suspensiones, llantas y los neumáticos también eran especiales, para aguantar los caminos rotos, pero mecánicamente, tal como salió de fábrica, fue capaz de devorar esos 30.000 km y presentarse en las antípodas sin mayores problemas.
Así es la historia de uno de los modelos más icónicos de Mercedes-Benz, que le granjeó merecidamente la reputación de marca fiable y dura y que 50 años después ve cómo su legado continúa presente, e incluso con ejemplares vivos en los rincones más recónditos del planeta.
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