El garaje del Dr. Frankenstein: los coches más extraños y locos que llegaron a pisar la calle
La historia del automóvil suele ser una línea recta de evolución lógica: cuatro ruedas, un volante y un motor. Pero de vez en cuando, un ingeniero genial (o quizás un poco desquiciado) decide salirse del camino marcado. Son momentos en los que la lógica comercial se tira por la ventana y nacen vehículos que desafían la física, la estética o el sentido común.
A diferencia de los prototipos de salón que nunca tocan el asfalto, los coches de esta lista fueron reales. Se fabricaron, se vendieron y hubo gente valiente que los condujo a diario. Aquí tienes la crónica de las máquinas más excéntricas que lograron llegar a la línea de producción.
El coche que se creía barco: Amphicar Model 700
Si hay un rey en la lista de la excentricidad funcional, es el Amphicar Model 700. Fabricado en Alemania entre 1961 y 1968, es el único coche anfibio civil producido en masa de la historia (se hicieron unos 3.800). Diseñado por Hans Trippel, utilizaba un motor de Triumph Herald colocado en la parte trasera que movía las ruedas en tierra y dos hélices de plástico en el agua.
La anécdota más famosa de este coche la protagonizó el presidente de EE.UU., Lyndon B. Johnson. Tenía uno en su rancho de Texas y le encantaba gastar una broma pesada a sus invitados. Los subía al coche, conducía a toda velocidad hacia un lago y, justo antes de llegar al borde, gritaba: "¡Los frenos no funcionan! ¡Nos vamos a matar!". Mientras los pasajeros entraban en pánico, el coche zambullía en el agua y comenzaba a flotar plácidamente. Como decían en la época: "No era un buen coche y tampoco era un buen barco, pero era el único que hacía las dos cosas".
El peligro de las tres ruedas: Reliant Robin
En el Reino Unido, el Reliant Robin es una institución, casi tan famoso como los Beatles o el té de las cinco. Fabricado durante décadas (desde los 70 hasta principios de los 2000), este coche de fibra de vidrio tenía una peculiaridad fatal: una sola rueda delante y dos detrás. La razón de este diseño no era la aerodinámica, sino la burocracia: al tener tres ruedas y pesar menos de 450 kg, se podía conducir con carnet de moto y pagaba menos impuestos.
Sin embargo, la física es cruel. La estabilidad del Robin era legendaria por su ausencia. Si tomabas una curva un poco rápido, el coche volcaba. Jeremy Clarkson lo hizo famoso mundialmente en Top Gear volcando uno en cada curva (aunque aquel coche estaba trucado para volcar más fácil), pero la realidad es que los dueños solían llevar sacos de cemento en el lado del copiloto para hacer contrapeso cuando iban solos. A pesar de todo, fue un éxito de ventas y un icono de la clase trabajadora británica.
El caza de la Luftwaffe sin alas: Messerschmitt KR200
Tras la Segunda Guerra Mundial, a Alemania se le prohibió fabricar aviones. Willy Messerschmitt, que había creado los cazas más temibles de la guerra, tenía una fábrica vacía y muchos ingenieros aeronáuticos parados. La solución fue el KR200. No es un coche, es literalmente un fuselaje de avión con tres ruedas.
Los pasajeros se sentaban en tándem (uno detrás de otro) bajo una cúpula de plexiglás que se abría lateralmente, igual que en un caza. El volante no era un aro, sino una especie de manillar de avión. Pero lo más curioso era su marcha atrás: no tenía. Para ir hacia atrás, tenías que parar el motor, girar la llave al revés y arrancar el motor en sentido contrario. Eso significaba que el coche tenía cuatro marchas hacia adelante... y las mismas cuatro marchas hacia atrás. Podías ir marcha atrás a 90 km/h si tenías el valor suficiente.
El cíclope de la conspiración: Tucker 48 "Torpedo"
El Tucker 48 es el coche más triste de esta lista, porque era una maravilla tecnológica que fue asesinada. Preston Tucker quiso revolucionar la seguridad en 1948: cristales que saltaban en caso de impacto para no cortar a los pasajeros, un habitáculo indeformable y, lo más característico, un tercer faro central ("el ojo del cíclope") que giraba con la dirección para iluminar las curvas.
Solo se fabricaron 51 unidades antes de que la compañía quebrara. La leyenda dice que los Tres Grandes de Detroit (Ford, GM y Chrysler) presionaron al gobierno y utilizaron su influencia política para hundir a Tucker mediante juicios y bloqueos de suministros, temiendo que su coche, muy superior tecnológicamente, les dejara en ridículo. Hoy en día, un Tucker 48 vale millones de dólares y es un símbolo de lo que pudo haber sido la industria americana.
Las puertas que desaparecen: BMW Z1
A finales de los 80, BMW creó su división Technik para experimentar, y el primer resultado fue el Z1. A simple vista parece un roadster normal, pero tenía dos rarezas. La primera: su carrocería era de termoplástico desmontable. BMW decía que podías comprar un segundo juego de paneles de otro color y cambiar el color de tu coche en una hora con un destornillador; en la práctica, se tardaba un día entero.
La segunda y más famosa: las puertas. No se abrían hacia afuera, ni hacia arriba como un Lamborghini. Las puertas bajaban eléctricamente y se escondían dentro de los umbrales del chasis. Podías conducir con las puertas bajadas, tocando el asfalto con la mano, lo que daba una sensación de libertad increíble. Se fabricaron 8.000 unidades y hoy es un clásico de culto muy buscado.
El coche de acero inoxidable: DeLorean DMC-12
Imposible cerrar esta lista sin el coche que viajó al futuro. John DeLorean, ex ejecutivo de GM, quiso crear el deportivo ético: seguro, duradero y bello. El resultado fue el DMC-12, fabricado en Irlanda del Norte. Su carrocería no estaba pintada; eran paneles de acero inoxidable cepillado (como las neveras industriales), lo que significaba que si te daban un golpe, no podías usar masilla, tenías que cambiar el panel entero o usar un estropajo.
Tenía puertas de ala de gaviota y un diseño espectacular de Giugiaro, pero fue un desastre mecánico. Su motor V6 (el famoso PRV compartido con Peugeot y Renault) tenía apenas 130 CV, haciendo que el coche fuera mucho más lento de lo que parecía. La compañía quebró tras un escándalo de tráfico de drogas que involucró a su fundador (del que luego fue absuelto), pero Hollywood lo salvó del olvido convirtiéndolo en la máquina del tiempo más famosa del cine.
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