Lancia Stratos: El coche que cambió las reglas del juego

Antes de su silencioso futuro eléctrico, Lancia creó una bestia indomable. El Stratos, con diseño de Bertone y corazón V6 de Ferrari, fue el primer coche nacido solo para ganar rallies. Una máquina rebelde e incómoda que dominó los años 70 y se grabó para siempre en nuestra alma.

Hoy me apetece echar la vista atrás y hablar de un coche que, simplemente con nombrarlo, hace que a los que amamos esto se nos acelere el pulso: El Lancia Stratos. La historia del automóvil está llena de aciertos maravillosos, y la creación de Lancia en 1906 por Vincenzo Lancia y Claudio Fogolin fue, sin duda, uno de ellos. Esta marca italiana nos regaló modelos que todavía hoy nos emocionan, como el Aurelia, el Flaminia o el Delta.

Para entender lo enorme que fue el Stratos, hay que poner en perspectiva lo que es Lancia hoy en día. Tras años en los que la directiva parecía dejar morir a la marca, limitando sus ventas a un único coche urbano, el Ypsilon, comercializado casi en exclusiva en Italia, Lancia está intentando volver a la vida.

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En 2024, la marca se relanzó en Europa con un nuevo Lancia Ypsilon de corte premium y que apuesta fuerte por los motores 100 % eléctricos y sistemas de conducción autónoma. Su estrategia a futuro sigue ese mismo camino verde y silencioso: en 2026 lanzarán una gran berlina llamada Gamma y para 2028 prometen recuperar el deseado nombre del Delta, también como coches totalmente eléctricos.

Es una gran noticia que Lancia no desaparezca y busque su hueco en el mercado, pero este presente de coches limpios, conectados y enfocados al lujo tranquilo choca de frente con la esencia rebelde de lo que la marca fue en los años setenta. Hubo un tiempo en que la comodidad y las ventas no eran lo primero; solo importaba la pasión y ganar carreras. Y el mejor ejemplo de esa locura es el Lancia Stratos.

Una forma nacida exclusivamente para correr

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Hasta principios de los años 70, lo normal era que las marcas cogieran un coche que ya vendían en los concesionarios, le pusieran unas barras de seguridad, le mejoraran el motor y se fueran a correr. El Lancia Stratos rompió esa regla de un plumazo; fue el primer coche del mundo pensado, dibujado y fabricado con el único objetivo de dominar los tramos de rally. Si le das a un niño instrucciones de dibujar un coche aerodinámico, probablemente te dibuje inconscientemente la silueta de un Stratos.

Stratos ZEro

Su origen lo encontramos en 1970, cuando se presentó un modelo de exhibición espectacular llamado Lancia Stratos Zero. El diseño fue obra del brillante diseñador italiano Marcello Gandini, que trabajaba para el estudio Bertone. El director deportivo de Lancia, Cesare Fiorio, vio aquel coche y rápidamente imaginó todo lo que se podía hacer con él en la competición. Gandini le dio al modelo definitivo una forma de cuña muy agresiva, muy bajita y una carrocería realmente corta para hacerlo lo más ágil posible en las curvas cerradas de la montaña. Tenía un cristal delantero curvado que parecía sacado de una avioneta, unos enormes ensanches en la parte trasera y un llamativo alerón sobre el techo.

Lancia con motor V6 del Ferrari Dino

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Para que ese chasis tan radical funcionara de verdad, necesitaba un motor a la altura. Cesare Fiorio se había encaprichado del motor de seis cilindros en V y 2.4 litros que montaba el Ferrari Dino y pensó que era la pieza que le faltaba a su nueva máquina. Fiorio tuvo que viajar a Maranello para sentarse a negociar directamente con Enzo Ferrari. Aunque el creador de Ferrari tenía fama de ser un hombre difícil para los negocios, al final accedió a ceder sus motores porque le sobraban unidades en la fábrica.

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Con el trato cerrado, Lancia metió ese motor Ferrari en la parte central trasera del coche. El resultado fue un deportivo ligerísimo, de menos de mil kilos de peso, que empujaba con una fuerza bestial. Para poder competir de forma oficial, las normas de las carreras exigían que se fabricaran varios cientos de unidades para vender a clientes normales en los concesionarios. Lancia hizo el esfuerzo y fabricó cerca de 500 coches de calle para conseguir el permiso para correr.

Rebeldía, problemas y triunfos al volante

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Sentarse dentro de un Lancia Stratos no invitaba precisamente a relajarse. El interior era tan estrecho que el piloto y el copiloto iban rozándose los hombros, y la visibilidad hacia atrás era un desastre total. Pero en plena carrera de montaña, a nadie le importaba mirar por el retrovisor. Pilotarlo era un verdadero desafío. Sandro Munari, el mítico piloto italiano apodado "El Dragón" que llevó a este coche a lo más alto, confesó que sobre el asfalto el Stratos era un aparato muy nervioso. Pasaba de no querer entrar en la curva a derrapar de golpe de la parte trasera en un abrir y cerrar de ojos, lo que lo volvía muy peligroso si no tenías unas manos expertas. Al principio, en las carreras más duras, algunas piezas de la suspensión no aguantaban y se doblaban, lo que hacía que el coche perdiera precisión.

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Sin embargo, cuando los ingenieros lograron arreglar esos fallos de juventud y los pilotos entendieron cómo domar a la bestia, se convirtió en una máquina invencible. El Stratos aplastó a la competencia y se proclamó Campeón del Mundo de Rallies en la categoría de marcas durante tres años seguidos: 1974, 1975 y 1976. Además, era el rey indiscutible del Rally de Montecarlo, prueba que el propio Munari ganó en repetidas ocasiones.

Un mito que exige respeto

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Personalmente tuve la oportunidad de conducir una unidad ex-Munari de la colección de Teo Martín, y puedo asegurar que en parado daba miedo lo pequeño que es el habitáculo y lo cerca que están las barras; Munari desde entonces me parece un superhéroe. El contraste actual es evidente. Cuando miras al nuevo Ypsilon eléctrico y piensas en el futuro de la marca, es inevitable sentir cierta nostalgia. El Lancia Stratos es la demostración perfecta de lo que ocurre cuando se hacen coches pensando únicamente en las emociones y en la victoria. Fue ruidoso, difícil de conducir, estrecho y nada práctico, pero a cambio nos regaló uno de los sonidos más bonitos y una de las estampas más espectaculares que jamás ha visto el mundo del motor. Esperemos que, en esta nueva etapa eléctrica y silenciosa, los responsables de Lancia no olviden la valentía de aquel coche que les hizo tocar el cielo.

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