La Burbuja Gurney: Cuando ganar Le Mans depende de una sierra y un martillo
La historia del Ford GT40 es la de la venganza más cara de la historia del automovilismo. Henry Ford II quería aplastar a Enzo Ferrari en las 24 Horas de Le Mans y no reparó en gastos. Crearon una máquina perfecta, bajísima (40 pulgadas de alto, de ahí el nombre GT40) y aerodinámica. Pero en 1967, la ingeniería de precisión chocó contra la realidad biológica de un hombre: Dan Gurney.
El problema de medir 1,93 metros
Dan Gurney era uno de los mejores pilotos de América, un gigante rubio con talento natural para ir rápido. Ford lo quería en su coche ganador, el Mark IV. Pero cuando Gurney intentó sentarse en el habitáculo durante los entrenamientos, ocurrió el desastre: Su casco golpeaba contra el techo. No podía sentarse recto y, lo peor de todo, la puerta no cerraba.
Era la semana de la carrera. No había tiempo para rediseñar el chasis, ni para bajar el asiento (que ya estaba pegado al suelo), ni para construir un coche nuevo. Los ingenieros de Ford entraron en pánico. Millones de dólares en túnel de viento y desarrollo estaban a punto de irse a la basura porque su piloto era demasiado alto.
La solución de la ferretería
Fue entonces cuando la genialidad de las carreras de la vieja escuela entró en acción. Si el piloto no puede bajar... el techo tendrá que subir.
Phil Remington, el legendario mecánico de Shelby American, cogió una sierra. Sin miramientos, cortó un agujero en el techo de fibra de vidrio del carísimo prototipo, justo encima de donde iría la cabeza de Gurney. Luego, fabricaron una pieza abombada, una especie de chichón de fibra, y lo pegaron sobre el agujero para cubrirlo. Había nacido la "Gurney Bubble" (La burbuja Gurney).
Los ingenieros de aerodinámica se llevaron las manos a la cabeza. Aquello rompía el flujo de aire perfecto del techo. Era un parche, una chapuza estética. Pero funcionaba. Gurney cabía, por los pelos, y podía conducir.
Ese coche, con su extraño bulto en el techo y pilotado por Dan Gurney y A.J. Foyt, no solo corrió. Ganó las 24 Horas de Le Mans de 1967, venciendo a Ferrari y estableciendo un récord de distancia que tardó años en superarse. Pero esa ya es otra bonita historia para contar. A veces, la alta tecnología necesita un poco de bricolaje para cruzar la meta.








